Francisco Miranda Hamburger
Editorial

Otra vuelta al barrio

Las protestas y las crisis que atraviesan varios países del vecindario brindan alertas que no deben caer en oídos sordos en Colombia.

Francisco Miranda Hamburger
Director de Portafolio
POR:
Francisco Miranda Hamburger
octubre 22 de 2019
2019-10-22 10:00 p.m.
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La erupción de violencia en Chile y las protestas de los bolivianos contra las autoridades electorales luego de las elecciones presidenciales, son los dos hechos más recientes que se suman a la ola de estallidos sociales que ha plagado este año a América del Sur.

A Santiago y La Paz se suman los recientes enfrentamientos en las ciudades ecuatorianas y las protestas venezolanas contra el régimen de Maduro a principios de año.

La primera reacción ante las imágenes de varias ciudades del mundo en llamas es buscar motivos y banderas comunes entre estas movilizaciones suramericanas y las protestas por el medio ambiente, en Hong Kong, Cataluña y hasta el Líbano.

Si bien hay elementos similares como la participación juvenil, la ausencia de liderazgos políticos tradicionales y el papel de las redes sociales, las razones de las protestas, los problemas que buscan solucionar y los entornos económicos y políticos en los que estallan no son idénticos.

Dicho esto, una vuelta por el vecindario suramericano, con varias de sus capitales incendiadas, debe despertar en cada nación un llamado de atención.

Obviamente, cada sociedad tiene sus particularidades, historias y contextos específicos. No obstante, todo movimiento de protesta y cada crisis refleja tensiones y despierta alertas que podrían mirarse desde nuestra realidad.

Colombia no ha estado exenta de las movilizaciones de protesta de distintos sectores sociales en los últimos años. De hecho, el actual gobierno ha enfrentado un nivel alto de marchas en contra de las más variadas políticas.

Sin embargo, las calles de las ciudades colombianas no han sido testigos aún de la intensidad y la ferocidad de las protestas de Santiago y Quito.

Esta oleada de violentas protestas ciudadanas se presentan en un momento de deterioro del apoyo de la región latinoamericana a los sistemas democráticos. Lo anterior es la conclusión de las más reciente edición del Barómetro de las Américas de la Universidad Vanderbilt.

En América Latina el 57,7 por ciento apoya la democracia y solo el 38 por ciento confía en los procesos electorales. La desaceleración económica, mayores percepción de corrupción y aumento de la violencia contribuyen a que los latinoamericanos experimenten el más bajo porcentaje de respaldo a la democracia en 15 años.

Las razones económicas detrás de las movilizaciones en Chile y Ecuador no podían ser más diferentes. En la primera el estallido social proviene de las expectativas de una clase media emergente con grandes angustias en materia de salud,seguridad social y costo de los servicios públicos.

En el caso ecuatoriano las necesidades del paquete de ajuste del Fondo Monetario empujan al gobierno al recorte de sus gastos, incluidos los subsidios a los combustibles.
Chile refleja que el crecimiento positivo, aún en momentos de estancamiento, no blinda de las presiones de la inequidad y de las necesidades diarias de los habitantes.

Una narrativa tecnocrática, llena de estadísticas y gráficos, debe acompañarse de medidas y mensajes que traduzcan ese crecimiento e inversión en empleo y mejor calidad de vida.

La Paz protesta por la desconfianza de los ciudadanos, especialmente de la oposición, en la imparcialidad de las autoridades electorales boliviana. Colombia irá a las urnas este domingo,con amenazas electorales que incluyen posibilidades de fraude. La fortaleza institucional del aparato electoral debe prevalecer en todo el territorio nacional.

Más que encontrar el hilo conductor- político o conspirativo- del malestar social de los vecinos, estas protestas ciudadanas brindan alertas, especialmente económicas y de legitimidad institucional, que no deberían caer en oídos sordos en nuestro país.

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