Ricardo Ávila

Percepciones y realidades

Mientras en Europa y Estados Unidos una de las palabras que más se escuchaba era “recesión”, por estos lares sonaba mucho el término “crecimiento”.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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Ricardo Ávila
febrero 04 de 2013
2013-02-04 01:20 a.m.
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Hasta hace pocos meses quienes venían de alguno de los países desarrollados a Colombia no dejaban de mencionar el contraste entre el desánimo que sentían en sus lugares de origen y el optimismo que percibían en el territorio nacional. Puesto de manera simple, mientras en Europa y Estados Unidos una de las palabras que más se escuchaba era “recesión”, por estos lares sonaba mucho el término “crecimiento”.

A su manera, ambos calificativos reflejaban la verdad de una economía rica pero en crisis y otra más modesta, pero en expansión. Sin embargo, ahora las cosas parecen ser diferentes. Una mirada a los titulares en el Viejo Continente o en América del Norte revela que la esperanza está de vuelta.

Es cierto que hay conciencia de que falta un largo trecho antes de apagar las señales de alerta, pero sin duda alguna las expectativas han mejorado. Así quedó claro en el reciente Foro Económico de Davos en Suiza y así lo ratifican los sondeos entre el público.

El entusiasmo es aún más evidente en las bolsas de valores que, con excepciones como la de España, han visto reverdecer sus laureles. En cambio, el clima se ha enrarecido para los colombianos. Sin negar que aquí también han subido los precios de las acciones, son pocos quienes dicen que las cosas van bien. Tal parece que el baldado de agua fría que significó el dato sobre el Producto Interno Bruto durante el tercer trimestre del 2012 –dado a conocer a finales de diciembre por el Dane– ha calado entre los analistas.

De hecho, hasta el Banco de la República ha recortado su apuesta para este año y prácticamente nadie cree que la meta gubernamental del 4,8 por ciento sea factible. El deterioro de las expectativas es constatable. Según las encuestas que hace Fedesarrollo, tanto la confianza de consumidores como de industriales ha venido empeorando. En el primero de los casos, el nivel observado a finales del año pasado es inferior al del 2011.

Especialmente notable es la caída de 11 puntos en la disposición a comprar bienes como muebles o electrodomésticos. Peor todavía es lo que piensa el ramo manufacturero que pasó del terreno positivo al negativo entre un calendario y el otro. Si bien la percepción no ha bajado al extremo del 2009 cuando se hablaba de una debacle global, no se encuentra muy lejos.

Factores como el deterioro en los pedidos del sector fabril tienen mucho que ver en el descenso observado. No obstante, aun reconociendo el bache, una mirada a las cifras comprueba que todavía la economía colombiana anda mucho más rápido que las industrializadas. Según el Fondo Monetario Internacional el PIB de las naciones avanzadas debería tener un incremento del 1,4 por ciento en el 2013, muy por debajo del 4 por ciento calculado para el país.

Por su parte, en el informe que la Ocde presentó la semana pasada se habló de una larga lista de tareas pendientes, pero el organismo no desconoce la fortaleza relativa que tenemos frente a la de otras latitudes. La brecha entre opinión y realidad debería preocupar a las autoridades. En la medida en que una impresión pesimista sobre el país se generalice, se verán afectadas también las decisiones de inversión y el propio comportamiento de la demanda interna. Puesto de otra forma, si la gente empieza a creerle a quienes insisten que todo está mal, las cosas se pondrán mal.

Y aunque no se trata de tapar el sol de los problemas con las manos, tampoco se puede desconocer que la economía está mejor de lo que muchos creen. Por eso dentro de las muchas tareas que tiene por hacer el Gobierno, está la de convencer a la ciudadanía de que el vaso sigue medio lleno, así unos cuantos quieran convencerla de lo contrario.

Todo apunta a que se viene una intensa campaña electoral y si no se envían mensajes preventivos a tiempo, las actividades productivas también podrían quedar a merced de la política.

Ricardo Ávila Pinto ricavi@portafolio.co   

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