Francisco Miranda Hamburger
Editorial

Pobreza pandémica

No se puede perder ni un minuto en ir tejiendo la red que tratará de sostener a los millones que empezarán a caer en esta situación

Francisco Miranda Hamburger
Director de Portafolio
POR:
Francisco Miranda Hamburger
mayo 21 de 2020
2020-05-21 09:37 p.m.
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Son numerosos y difíciles los retos que la pandemia del coronavirus ha impuesto a la economía colombiana y a las del resto del mundo. A la debacle de la actividad productiva, derivada de tener a la mitad de la Humanidad en cuarentena, se suma la generalizada pérdida de empleos e ingresos de millones de hogares.

Junto a las sombrías estimaciones de la contracción de la economía global, el Banco Mundial calcula que aproximadamente 60 millones de seres humanos serán empujados a la pobreza extrema por causa de la crisis.

En simultánea con las proyecciones de la caída histórica del PIB colombiano, las estimaciones sobre los impactos de la pandemia en los niveles de pobreza en el país deben despertar todas las alertas. Por ejemplo, la Cepal pronostica un año 2020 con una tasa del 32,5 por ciento. Este cálculo es similar al escenario intermedio de Fedesarrollo, que plantea un 31,9 por ciento.

Un estudio reciente de la facultad de Economía de la Universidad de los Andes va mucho más allá: el aumento de la pobreza en Colombia por la pandemia alcanzaría los 15 puntos porcentuales. Lo peor es que detrás de cada proyección están millones de colombianos. Si los pronósticos más pesimistas se cumplen, estamos hablando de unas 7,3 millones de personas que entrarían a sufrir esta situación.

La reducción de los niveles de pobreza es una de las historias de éxito de la política pública en lo corrido de este siglo. Mientras que en 2002 este problema en el país afectaba al 49,7 por ciento, la medición de 2018 estuvo en un 27 por ciento. Si bien en términos de desigualdad la situación no ha mejorado tanto, los avances en la lucha antipobreza sí han sido sustanciales en estas dos últimas décadas.

La alarma que despierta el estudio de Los Andes es precisamente que la crisis del coronavirus amenazaría con borrar de un plumazo 20 años de reducción en las tasas de pobreza. Esta es una advertencia que no puede pasar desapercibida por el Gobierno Nacional y por sus diseñadores y ejecutores de la política social. Frenar esa disparada es tanto su deber ético como su mandato social.

Es justo decir que las estrategias del Ejecutivo para combatir los impactos económicos de la pandemia han incluido el despliegue ambicioso de programas de transferencia monetarias. Plataformas cruciales en los positivos resultados en estos 20 años como Familias en Acción, al igual que nuevas iniciativas como Ingreso Solidario para informales, son hoy la espina dorsal de los esfuerzos nacionales, y locales como el Distrito Capital, para mitigar la billonaria pérdida de ingresos de los hogares más pobres de Colombia.

La crisis de la covid-19 ha elevado la discusión de propuestas como la de un ingreso mínimo para todos los colombianos, así como otros programas de ayuda a los trabajadores informales. Es el momento para reactivar el debate sobre el diseño de la nueva política social para las próximas décadas en el país.

Hay que empezar a pensar desde ya en esa estrategia social, porque una disparada en las tasas de pobreza tomará su tiempo en reducirse a los niveles pre-pandemia.

Las transferencias monetarias, ya sin condiciones y llegando a más colombianos, mitigan en el corto plazo el choque de no tener ingresos ni trabajo. En una economía con tan alto nivel de informalidad y con casi un 20 por ciento de la población vulnerable a entrar en la pobreza, millones caerán y no se puede perder ni un minuto en ir tejiendo la red que tratará de sostenerlos.

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