Ricardo Ávila

En la puerta del horno

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
octubre 21 de 2013
2013-10-21 12:24 a.m.
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Faltan pocos días antes de que la plenaria de la Cámara de Representantes debata el texto de la reforma a la salud, que la semana pasada fue aprobada por el Senado. En contra de las expectativas que hablaban de que sería muy difícil sacar adelante la iniciativa dado el clima preelectoral, todo indica que las bancadas adscritas a la Unidad Nacional van a cumplir la promesa hecha en la Casa de Nariño, de darle luz verde al articulado en la presente legislatura.

Así las cosas, el país está cerca de completar un cambio fundamental en un tema que interesa a todos los colombianos, pues no hay que olvidar que la cobertura del actual sistema es prácticamente universal. Si bien en el pasado han tenido lugar algunas transformaciones, ninguna se compara con la presente que, junto con la ley estatutaria que vio la luz en el primer semestre, constituyen el cambio más radical, desde cuando la estructura que hoy rige fuera diseñada dos décadas atrás.

La mayoría de las dudas se centran en el nuevo ente –Salud Mía– cuya función será la de convertirse en el corazón financiero del sistema y tendrá a su cargo la administración de unos 40 billones de pesos anuales, lo cual incluye recaudos y pagos, aparte de las afiliaciones de toda la población. Según los estimativos hechos, ello implica cuatro millones y medio de transacciones mensuales, algo que demandará no solo inversiones importantes, sino un esfuerzo organizativo descomunal. Un colapso eventual se traduciría en la falta de atención a miles de pacientes, lo que ocasionaría el rechazo de la ciudadanía.

No obstante, el principal peligro es que tal como ha sucedido en otros casos en el pasado, la nueva institución se vuelva parte de las cuotas políticas y se torne propensa a la corrupción. Esa es la razón por la cual diversos analistas han hecho sonar sus alarmas, ante las cuales el ministro de Salud, Alejandro Gaviria, ha dicho que asume la responsabilidad de hacer las cosas bien.

Y el anterior no es el único reparo que se le hace a la propuesta gubernamental. Tampoco queda claro un asunto como es el de definir a qué tratamientos tiene derecho el público y a cuáles no. Es incuestionable que parte de los problemas actuales del sector tienen que ver con el que, en la práctica, es un plan de beneficios ilimitados que es requisito acotar.

Si bien con el correr del tiempo ese boquete por el que se escapan billones de pesos se cerraría, hay un largo periodo de transición durante el cual existe el peligro de que aumenten los abusos que se apoyan en decenas de miles de tutelas. Tal situación necesita medidas a tiempo, con el fin de evitar onerosas sorpresas en un futuro cercano.

Más compleja que la anterior es la discusión sobre la integración vertical que tiene amigos y enemigos. Aunque los argumentos que se dan sobre ciertos abusos son válidos, el riesgo es que los hospitales, actuando por su cuenta, induzcan la prestación de servicios para mejorar su situación financiera.

En tal sentido, hay elementos del esquema de aseguramiento propio de las EPS que debería rescatarse y que tiene que ver con una adecuada gestión de riesgos. De lo contrario, hay el peligro de tener una estructura onerosa, que este más allá de las posibilidades del país.

El tema de las cifra es, entonces, crucial. Para comenzar porque el sistema vigente se encuentra quebrado y necesitará una gran inyección de recursos, algo que no es sencillo a la luz de las crecientes dificultades fiscales.

Pero no menos crítico es lograr que la nueva arquitectura resulte sostenible. En tal sentido, la dosis de trabajo requerida va a ser muy grande, ante lo cual será indispensable evitar caer en los mismos errores que pusieron en capilla un andamiaje que era menos malo de lo que cree la gente, y cuyo fracaso generó una cuenta que ha sido asumida por todos los colombianos. Tal reflexión es válida, ahora que la reforma a la salud se encuentra en la puerta del horno.

Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co

Twitter: @ravilapinto

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