Ricardo Ávila

Otra ráfaga en contra

Ricardo Ávila
Exdirector de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
agosto 30 de 2013
2013-08-30 02:22 a.m.
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A medida que pasan los días y el normal desarrollo de las actividades en vastas zonas de Colombia se ve obstaculizado por las movilizaciones que surgieron en torno al paro agrario, empiezan a acumularse las cuentas sobre el dinero perdido. Debido a que es imposible hablar aún de un retorno a la normalidad, todavía no se puede hacer un balance concluyente respecto al costo de los bloqueos.

Es verdad que parte de esos recursos se podrá recuperar si la situación no se prolonga mucho tiempo más. Pero otra se sacrificará, tal como la leche que tuvo que botarse en los hatos ante la falta de transporte para llevarla a los centros de acopio.

Los antecedentes recientes dejan en claro que las perturbaciones que sufren agricultores, ganaderos, productores de bienes perecederos, proveedores de servicios turísticos, camioneros y la población en general, no resultan baratas. A comienzos de julio, la Asociación Nacional de Instituciones Financieras (Anif) hizo un estimativo sobre el valor que se les puede atribuir a cinco paros sectoriales que tuvieron lugar desde finales del 2012 hasta marzo, y llegó a una suma superior a los 900.000 millones de pesos, lo que equivale al 0,8 por ciento del Producto Interno Bruto.

Tales cálculos no incluyen lo que costó ‘arreglar’ cada problema, como los reajustes salariales prometidos a la Rama Judicial, que ascienden a 1,2 billones de pesos en cuatro años, o el subsidio que vienen recibiendo los cultivadores de café, el cual se acerca a los 830.000 millones de pesos. Más difícil aún es establecer a cuánto asciende el deterioro institucional y, sobre todo, la convicción que ha hecho carrera entre la ciudadanía, en el sentido de que la única manera de lograr la atención del Estado es erigiendo barricadas en calles y carreteras.

Per, para no desviarse del tema, el mensaje de fondo es que el clima de agitación actual generará otra ráfaga de viento en contra de la buena marcha de la economía. Como es bien sabido, durante el primer semestre el aumento en el Producto Interno Bruto fue del 3 por ciento, y para cumplir con la meta oficial del 4,5 por ciento en el 2013, durante la segunda mitad del año debería tener lugar una aceleración notoria.

Conseguirla no va a ser fácil. Y es que incluso si las cosas vuelven a la normalidad en poco tiempo, las señales en el tablero de control de la economía venían mostrando luces amarillas. La más significativa es la de la industria, que en junio pasado tuvo una descolgada del 5,5 por ciento y no parece levantar cabeza. Al menos así lo sugiere el reporte sobre el consumo de energía en julio, que bien podría calificarse como mediocre.

No menos inquietante es lo que le ocurre a la minería, que desde hace más de un lustro había sido la locomotora de mayor velocidad. Si bien la extracción de petróleo se ha recuperado y el escenario de precios internacionales es francamente favorable, hay una alerta encendida en el caso del carbón.

Tanto la huelga en Drummond –que ya completa cinco semanas– como la parálisis en la mina La Francia, propiedad de un banco de inversión estadounidense, van a pasarle una elevadísima cuenta al sector. De seguir las cosas como van, se exportarían unos 15 millones de toneladas menos que el año pasado, por un valor superior a los mil millones de dólares. Según Anif, los tropiezos experimentados en febrero –cuando se dejaron de producir 5 millones de toneladas– trajeron pérdidas por 660.000 millones de pesos.

Lo anterior deja en evidencia que el paro agrario puede empeorar una realidad que no puede calificarse como fácil. Por lo tanto, hay que hacer votos para que la sensatez entre los negociadores se imponga y se pueda conseguir un acuerdo pronto, que no implique las millonarias erogaciones del pasado. Solo así se podrá evitar un inconveniente frenazo cuyos costos acabarán siendo asumidos, en mayor o menor medida, por todos los colombianos.

Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co

Twitter: @ravilapinto

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