Ricardo Ávila

Rescate de última hora

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
marzo 26 de 2013
2013-03-26 02:00 a.m.
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El rescate llegó, pero el debate apenas comienza. Así podría describirse el desenlace de la crisis de Chipre, la pequeña isla mediterránea que tuvo en vilo a la Unión Europea hasta la noche del domingo, cuando por fin las partes consiguieron llegar a un acuerdo cuyas ramificaciones se van a sentir en otras latitudes.

Y es que lo importante en este caso no es el monto, sino la fórmula. Si bien los 10.000 millones de euros que le entregará Bruselas a Nicosia no son una suma despreciable, el tema fundamental es el de castigar a los cuentahabientes con saldos superiores a los 100.000 euros.

La proporción exacta todavía está pendiente de ser precisada, pero los estimativos hablan de al menos un 35 por ciento de los fondos. En último término, de lo que se trata es que los chipriotas recauden unos 5.800 millones de euros para contribuir con el rescate.

El quitarle a los ahorradores acaudalados más de una tercera parte de su dinero rompe con una regla de oro que se venía aplicando en el Viejo Continente. Esta consistía en que los depositantes de cualquier tamaño no tenían nada que temer, con el argumento de que la confianza en el sistema bancario era una de las piedras angulares de la recuperación económica. Además, castigar al público era como hacer que justos pagaran por pecadores, ante los errores que pudieran haber cometido las entidades financieras cuestionadas.

Sin embargo, el caso de Chipre tiene particularidades importantes. Una es que sus bancos manejaban activos por unos 90.000 millones de dólares, que equivalen a cuatro veces el Producto Interno Bruto de la isla, muy por encima de lo que ocurre en buena parte del continente europeo. Otra, que sin serlo abiertamente, la pequeña nación, de escasamente un millón de habitantes, se había vuelto un paraíso financiero, en donde no se le hacían muchas preguntas a quien llegara a abrir una cuenta.

Dicha circunstancia fue aprovechada por un buen número de ciudadanos rusos que hicieron transferencias millonarias a las entidades del país mediterráneo. El dato no se conoce todavía, pero se cree que al menos 20.000 millones de euros entregados a instituciones chipriotas provenían de la tierra de Vladimir Putin. Esa es la razón por la cual el inquilino del Kremlin se ha referido en los peores términos a la solución dada, calificándola incluso de robo.

A pesar de esos calificativos, y del intento inicial de Nicosia de limitar las pérdidas de los más afortunados y distribuirlas entre todos los clientes de los bancos chipriotas, el compromiso final es visto con buenos ojos por los observadores. De un lado, rompe con un modelo que generaba incomodidad entre los europeos. Del otro, golpea tanto a quienes buscaban un escondite para sus recursos, como a las propias entidades financieras que serán liquidadas o reestructuradas y cuyos vínculos con Grecia las pusieron en dificultades. Pero, sobre todo, preserva la unidad de la Zona Euro, que así sobrevive a otro terremoto.

Dicho lo anterior, las réplicas del sismo serán grandes. Los primeros en sentirlo serán los habitantes de Chipre, cuya economía podría contraerse en más de un 10 por ciento, generando efectos indeseables como un mayor desempleo y un recorte de los beneficios sociales.

No obstante, el tema de fondo es si la vía usada en este caso podría ser utilizada en otros. La inquietud es válida a raíz de lo dicho por el ministro holandés de Finanzas, Jeroen Dijsselbloem, quien, en declaraciones de prensa, sostuvo que en futuros rescates el costo no debería recaer en los hombros de los contribuyentes.

Por cuenta de esa afirmación, las bolsas europeas terminaron la sesión de ayer en rojo, siendo las peores caídas las de España e Italia, cuyas instituciones de crédito siguen en el ojo del huracán. Esa descolgada deja en claro que Chipre puede haber recibido un salvavidas, pero que la crisis del Viejo Continente, nada que termina.

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