Ricardo Ávila
Editorial

Antenas bien puestas

Mientras sigue la caída de las acciones en Wall Street, comienzan las preguntas con respecto a las consecuencias económicas del desplome.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
febrero 08 de 2018
2018-02-08 09:41 p.m.
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El de ayer fue otro día para olvidar en Wall Street. Lejos de las afirmaciones de quienes decían que después de la tempestad de comienzos de la presente semana llegaría la calma, otra tormenta cayó sobre el mercado de valores neoyorquino. El retroceso en los principales índices bursátiles, cercano al cuatro por ciento al final de la jornada, confirma que aquí hay algo más que un fenómeno pasajero.

A la luz de lo sucedido, comienzan a encenderse las luces de alerta en diferentes frentes. Que las acciones caigan ocasiona pérdidas de valor multimillonarias, al menos en el papel. Ahora los analistas se preguntan si esos retrocesos pueden afectar la marcha de la economía estadounidense o el crecimiento global. En lo que atañe a Colombia, la inquietud es igualmente válida.

No obstante, vale la pena mirar las cosas en contexto. El índice Dow Jones cerró en la víspera en 23.860 puntos, casi 3.000 por debajo del máximo histórico alcanzado el 26 de enero. Bajo la óptica de un par de semanas, un bajón superior al 10 por ciento es muy grave, pero el punto actual equivale al alcanzado el pasado 28 de noviembre. Es más, la valorización en los pasados doce meses todavía es del 19 por ciento.

Por otro lado, los especialistas venían advirtiendo sobre un nuevo caso de “exuberancia irracional”, el término que usó Alan Greenspan para describir la burbuja bursátil de los punto com a finales de los años noventa. Diferentes métricas mostraban que los precios de la mayoría de los títulos superaban los parámetros de la lógica, por lo cual más de un conocedor piensa que la corrección es bienvenida.

Así las cosas, todavía se puede reaccionar con calma. Nadie tiene claro cuándo se estabilizarán las cotizaciones, aunque los analistas señalan que los balances empresariales muestran cifras muy positivas y que la reciente reforma tributaria de Trump se traducirá en mayores utilidades para las compañías más grandes.

Todo esto sucede en una economía norteamericana que anda a buen ritmo, cerca del pleno empleo. Dicho de otra forma, aquello que los especialistas describen como los fundamentales, se mantienen sólidos.

Aun así, es obligatorio abrir bien los ojos. Entre los riesgos está un eventual impacto sobre el sector financiero, en caso de que un inversionista importante se haya endeudado para especular y ahora no tenga cómo cubrir sus pérdidas. Emitir un parte de tranquilidad sería un buen gesto de los reguladores. Lamentablemente, la Casa Blanca ha debilitado los controles, lo cual puede llevar a que las alarmas no suenen a tiempo.

Por otro lado, está el peligro del llamado ‘efecto riqueza’. A diferencia de lo que sucede en otros países, millones de estadounidenses invierten los recursos de sus futuras jubilaciones en el mercado accionario. Si una parte importante de ese patrimonio llegara a desaparecer, el sentimiento de los consumidores podría pasar a terreno negativo, dando origen a una desaceleración.

En el ámbito global, las dudas están relacionadas con la debilidad del dólar, el alza en las tasas de interés y lo que pase con las materias primas. Cada uno de estos acápites genera corrientes que a veces operan en dirección contraria y a las que también hay que prestarles atención.

Por ejemplo, un mayor rendimiento de los bonos estadounidenses atrae capitales a esa nación, pero el billete verde se ha debilitado porque el déficit comercial del Tío Sam sube. En el caso colombiano, todo pasa por la tasa de cambio flotante que refleja esas tensiones y es muy sensible a los precios del petróleo que ahora van con tendencia a la baja, sin que hasta la fecha el peso muestre grandes sobresaltos.

En conclusión, vale la pena mantener la calma. Y al mismo tiempo, tener las antenas bien puestas, en un escenario de mucha volatilidad.

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