Ricardo Ávila
Editorial

Cambiar de partitura

Hay indicios de que el sector privado está inquieto por el rumbo del país, pero la duda es si los empresarios adoptarán un rol mucho más visible.

Ricardo Ávila
Exdirector de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
junio 12 de 2019
2019-06-12 09:25 p.m.
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En los últimos días han tenido lugar varias reuniones de líderes del sector privado, en las cuales el tema común ha sido la situación del país. Los encuentros a puerta cerrada vienen sucediendo en espacios informales donde se encuentran una veintena de personas de manera periódica, al igual que en los formales, como la junta directiva de la Andi el martes pasado.

Tanto en uno como en otro escenario se le hace un repaso a la economía, al clima de opinión y a la política. La palabra que engloba el tono de las conversaciones es preocupación, pues en cada capítulo hay observaciones puntuales que denotan insatisfacción.

La primera tiene que ver con el crecimiento. Aunque hay una recuperación en el Producto Interno Bruto, el ritmo es todavía débil y no da señales de mejoría importante. A pesar de que las ventas del comercio suben, ciertos sectores andan a media marcha, como sucede con el de la construcción. Junto a lo anterior, las señales en el plano internacional son malas por cuenta de la guerra comercial entre Estados Unidos y China, o el ‘matoneo’ de Donald Trump, cuya víctima más reciente es México.

Dicha circunstancia hace más complejo que baje el desempleo y que la demanda interna sea vigorosa. La sensación de que no hay un gran motor que impulse la actividad económica lleva a que se piense que el futuro será más de lo mismo: una especie de chapaleo, gracias al cual se logra avanzar poco a poco. El único consuelo es que en la mayoría de América Latina las cosas están peores.

Esa lectura se complementa con el desánimo de la ciudadanía, según lo muestran las encuestas. El pesimismo no solo golpea el consumo, sino que oscurece el ánimo de la gente. Una de sus manifestaciones es el bajo apoyo que reciben los gobernantes, ya sea en el ámbito local, regional o nacional. Por cuenta de esa percepción se considera improbable que alguna de las reformas importantes que están en la lista de tareas, como la cirugía de fondo al régimen de pensiones, salga adelante.

Por tal motivo, los principales dardos se los llevan los políticos. De un lado, la opinión que prevalece es que la polarización entre sectores del establecimiento, les puede abrir la puerta a las opciones más radicales. Del otro está el señalamiento de que el populismo contaminó a los partidos de izquierda, de derecha y del centro.

Ejemplos como lo ocurrido con la Ley de Financiamiento o el Plan de Desarrollo son elocuentes, al igual que las propuestas parlamentarias orientadas a modificar la Ley de Habeas Data (archivada ayer) o eliminar el cobro de comisiones y tarifas por parte del sector financiero. En la lista también está la idea de una prima adicional para los trabajadores o las amenazas contra la minería formal.

La combinación de los elementos anteriores ayuda a entender por qué, a pesar de la rebaja sustancial en las tasas efectivas de tributación para las personas naturales, la inversión privada solo muestra una reacción moderada. Puesto de otra manera, los impuestos competitivos son una condición necesaria, pero no suficiente a la hora de tomar la decisión de meterse en un proyecto importante.

Así las cosas, la pregunta que vale la pena plantearles a los empresarios es qué van a hacer ahora. Una opción consiste en mantener el bajo perfil de siempre y apoyarse en las cabezas de los gremios para dejar clara su intranquilidad. Otra alternativa es asumir un rol más visible, tomando como modelo la experiencia chilena, en donde quienes manejan algunas de las compañías más conocidas o sus principales accionistas, comenzaron a hablar directamente con otros integrantes de la sociedad civil y a proponer soluciones concretas en temas específicos. Dado el riesgo que representa seguir escuchando la misma música, tal vez sea este el momento de ensayar otra partitura.

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