Ricardo Ávila
Editorial

Carbón en picada

Los precios del mineral, que es el segundo renglón de las exportaciones, han bajado a la mitad en cinco meses, con implicaciones en varios frentes.

Ricardo Ávila
Exdirector de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
junio 10 de 2019
2019-06-10 09:30 p.m.
http://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/02/09/56ba4e7b94041.png

Cuando los medios de comunicación hacen el resumen diario de los indicadores económicos, solo hablan de las cotizaciones del petróleo y el café en los mercados internacionales. A fin de cuentas, se trata de los dos productos históricos que ocupan un lugar de preponderancia en las exportaciones colombianas desde hace décadas.

Nadie, por el contrario, se refiere al carbón. Dicha omisión es injusta cuando se tiene en cuenta que el mineral ocupa el segundo renglón en las ventas externas del país, con un peso que en el 2018 llegó a representar el 18 por ciento del total. Aparte de ser grandes proveedores para múltiples plantas termoeléctricas en las más diversas latitudes, también somos importantes para la industria siderúrgica global a través del coque, pues estamos entre los cinco proveedores más relevantes del planeta.

Debido a esa circunstancia, es justificado encender las alarmas, ya que en lo que va del 2019 los precios del combustible han caído a la mitad, al pasar de 86 a 43 dólares la tonelada en el caso del carbón térmico. Circunstancias como la preferencia por otras opciones a la hora de generar energía o la volatilidad en el valor de los hidrocarburos, combinados con el comportamiento de la oferta, explican la descolgada.

Sea cual sea el motivo, lo ocurrido es inquietante. Para comenzar, hay un impacto en los ingresos de divisas. Dado el notorio aumento en el saldo en rojo de la balanza comercial, algunos llegaron a abrigar la esperanza de que los despachos del mineral ayudarían a corregir el desbalance, algo que, evidentemente, no va a suceder. Es posible, incluso, que la brecha se amplíe.

No menos importante es el efecto sobre cientos de operaciones locales de menor escala, ubicadas en el altiplano cundiboyacense, Antioquia o los santanderes. Si bien la devaluación del peso ayuda a la hora de manejar los costos, la caída es tan abrupta que será imposible evitar las pérdidas.

El riesgo es que vengan cierres de minas, con el consecuente aumento del desempleo o, peor aún, que se reduzca el cumplimiento de medidas de seguridad para hacer economías, algo que se traduciría en accidentes. Los voceros de la actividad afirman que hay 130.000 personas contratadas directamente por las empresas del ramo.

En lo que atañe a las grandes explotaciones, tampoco hay buenas señales. La principal dificultad está en el Cerrejón, en donde decisiones de orden legal llevaron a que los proyectos de expansión quedaran archivados en la práctica, con el peligro del agotamiento paulatino de los tajos presentes. Todo apunta a que el principal empleador en una zona en donde abunda la informalidad tendrá una nómina más reducida.

El estancamiento que corre el riesgo de convertirse en declive, se nota en las estadísticas. Según las cifras de la Agencia Nacional de Minería, las exportaciones pasaron de 90 millones de toneladas en el 2016 y el 2017, pero bajaron a 84 millones el año pasado. La proyección para el calendario actual es de 88,5 millones, pero fue hecha antes de que se viera el desplome en las cotizaciones.

Si la depresión de los precios se prolonga, tanto departamentos como municipios sentirán el coletazo. Aunque todavía es difícil comprometerse con una cifra, será difícil mantener igual el giro de regalías que en el 2018 ascendieron a 1,87 billones de pesos.

Así las cosas, vale la pena prender las luces de alerta, tanto por lo que la mala hora del carbón pueda afectar a la economía, como por las implicaciones en materia de empleo, impuestos y contribuciones. Con más de 16.500 millones de toneladas de reservas, Colombia tiene cómo ser una potencia carbonífera hasta finales del próximo siglo, pero para que ello suceda el negocio tiene que pintar mejor que ahora. El cambio en la matriz de generación energética global no es el único riesgo.

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes