Ricardo Ávila
Editorial

El mismo de siempre

En el discurso que pronunció ante el pleno del Congreso de Estados Unidos, Donald Trump quiso posar de conciliador, pero pocos le creen.

Ricardo Ávila
Exdirector de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
febrero 06 de 2019
2019-02-06 09:00 p.m.
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Al ser un presidente cuyo nivel de aprobación es de solo 37 por ciento, Donald Trump hace esfuerzos infructuosos para caerles bien a quienes no lo respaldan. Así quedó claro el martes en la noche, cuando el mandatario habló ante el pleno del Congreso estadounidense, con el fin de pronunciar el discurso sobre el Estado de la Unión que es usual por esta época del año. Durante los 82 minutos de su intervención, el magnate osciló entre tenderles una rama de olivo a sus adversarios y mostrarles los dientes.

Por cuenta de esas actitudes ambivalentes, los analistas concluyeron que nada realmente ha cambiado en la mente del inquilino de la Casa Blanca. Con la carrera electoral calentando motores, todo apunta a que la estrategia para salir triunfador en los comicios de noviembre del 2020 es la misma: polarización de la ciudadanía, antagonización del adversario y mentiras aquí y allá, con el fin de apelar a las bases del Partido Republicano que le dieron la victoria en el 2016.

Claro que el balance de fuerzas es distinto ahora. El hecho de que los demócratas hayan capturado la mayoría de los escaños en la Cámara de Representantes es un inconveniente de marca mayor para el millonario. El prolongado cierre del gobierno federal que duró 35 días, no solo dejó a unas 800.000 familias sin un cheque de sueldo, sino que demostró que Trump encontró la horma del zapato.

Ahora viene la segunda parte de esa confrontación, pues la tregua expira el 15 de febrero, cuando el Ejecutivo volverá a insistir en conseguir fondos para construir el muro en la frontera con México. Lo más factible es que la respuesta del Capitolio vuelva a ser la misma, con lo cual puede jugar otra carta, como es la de invocar poderes especiales para reasignar el presupuesto. Esa es una salida riesgosa que llevará a demandas y acusaciones sobre violaciones al orden jurídico establecido.

Sin embargo, es claro que el presidente estadounidense se nutre de la confrontación. Debido a ello seguirá insistiendo en el peligro que representan para la seguridad nacional las ‘hordas’ de inmigrantes que vienen desde Centroamérica y mostrarse como un líder fuerte y decidido.

Esa manera de ser es la que -según su punto de vista- le permitirá acordar con Corea del Norte un programa de desarme nuclear o entenderse con China para disminuir el saldo deficitario de la balanza comercial. El ejemplo de haber renegociado el Tratado de Libre Comercio de América del Norte -Nafta- le sirve para demostrar que es capaz de sacarles concesiones a sus adversarios.

Mención aparte merece la presión sobre Nicolás Maduro en Venezuela, pues las medidas adoptadas por Washington para dejar sin fondos al régimen, son un arma de doble filo. En el mejor de los casos, ayudarán a que la crisis se resuelva rápido y Juan Guaidó asuma la presidencia interinamente. En el peor, agudizarán la escasez, dándole la oportunidad a los chavistas de atrincherarse en el nacionalismo. Aun así, la dureza mostrada le servirá en Florida cuando llegue el momento de las elecciones.

Esos cálculos están en la mente de alguien que insiste en que es el responsable de una época de prosperidad que no tiene precedentes recientes. La fortaleza del mercado laboral y una tasa de crecimiento cercana al 3 por ciento anual, son lo que más resalta Trump para convencer a los votantes de que merece una nueva oportunidad.

Debido a ello, los demócratas no cuentan con mucho margen para cometer errores. Una equivocación sería dejar que el remoquete de “socialistas” que les quiere endilgar la Casa Blanca prospere. Otra es dejarse involucrar en peleas que muestren que no son parte de la solución, sino del problema. Y una más es menospreciar al mandatario actual, quien a pesar de su impopularidad, puede volver a sorprenderlos en las urnas.

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