Ricardo Ávila
Editorial

El riesgo de deslegitimar

Las encuestas más recientes confirman que el prestigio de las instituciones viene en descenso en Colombia, lo cual es un peligro latente.

Ricardo Ávila
Exdirector de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
septiembre 01 de 2019
2019-09-01 03:26 p.m.
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La publicación de varios sondeos recientes, muestra que el nivel de pesimismo de los colombianos a la hora de calificar el estado de las cosas en el territorio nacional, no disminuye. Tal como ha sido la norma durante los últimos siete años, son mayoría quienes creen que la situación general está empeorando. En el caso del más reciente Gallup Poll, 71 de cada cien interrogados en las cinco ciudades más grandes, coinciden con esa apreciación.

Sin entrar en descripciones puntuales de los resultados, podría afirmarse que el negativismo se estabilizó en números muy altos. Como ha sido la norma, la percepción ante flagelos como inseguridad y corrupción es muy mala, mientras que lo relacionado con la economía -incluyendo inflación y desempleo- es visto con un lente particularmente crítico. Bogotá es el epicentro de las reacciones en contra, pues tres de cada cuatro residentes en la capital expresa su desespero con una nota ácida.

No todo es pésimo, vale la pena aclarar. Por ejemplo, 54 por ciento de las personas que contestaron el cuestionario en cuestión declaran sentirse satisfechos con su estándar de vida, es decir con todo lo que pueden comprar y hacer. Firmar tratados de libre comercio o fomentar la llegada de empresas multinacionales recibe un buen respaldo, tanto como pagar impuestos para darles ese dinero a las víctimas de la violencia.

Sin embargo, hay un aspecto que vale la pena resaltar por lo preocupante. Se trata del deterioro en la imagen de las instituciones, que pierden terreno, con muy contadas excepciones. Decir que el Congreso genera una opinión ampliamente desfavorable no resulta sorpresivo, pero el prestigio del sistema judicial también está por los suelos, al igual que el de las altas cortes y la Fiscalía.

Tampoco le va bien al Ejército o la Policía, que en otras épocas recibían buenas notas. Todo apunta a que los escándalos de corrupción recientes les han pasado factura a los uniformados. De otro lado, la Iglesia Católica mantiene un saldo positivo ante la opinión, pero cada vez menor. Algo parecido le ocurre a la clase empresarial, que en otras épocas era más admirada, al igual que los medios de comunicación.

En lo que atañe a los líderes, las noticias se han concentrado en destacar que el expresidente Álvaro Uribe Vélez registra la imagen desfavorable más alta, desde cuando el Gallup Poll comenzó a seguirlo a finales de 1996. Con pocas excepciones, sobre todo en el ámbito regional, los gobernantes no salen bien librados. De tal manera, el presidente Iván Duque y el alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, muestran un negativo del 64 por ciento cada uno, aunque el primero se deteriora y el segundo mejora, quizás porque la ciudadanía comienza a reconocerle algunos logros, ahora que acaba su mandato.

Todo lo anterior apunta a una deslegitimación de entidades y personas, que dista de ser saludable. Cuando la opinión pierde confianza en los poderes públicos se abren paso opciones que prometen soluciones que van desde las más radicales, hasta el canto de sirena del populismo.

Frente a ese campanazo de alerta, pocos reaccionan. Una mirada a las elecciones departamentales y municipales de finales de octubre revela que las mañas de siempre y las componendas, son la constante y no la excepción. En el Capitolio abundan las propuestas irresponsables que tratan de aprovechar que el Ejecutivo no ofrece las prebendas de antes para mantener esas ideas a raya.

Pero el gran interrogante tiene que ver con lo que pueda suceder en el 2022. Más que la confrontación entre derecha e izquierda, es muy probable que vengan candidatos que sacan respuestas fáciles del sombrero, buscando cosechar el desánimo de la gente. Y eso de profundizar la debilidad institucional es un peligro enorme, que vale la pena tomar en serio.

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