Ricardo Ávila
Editorial

Garrote y tijera

Superado el reto de la ley de financiamiento, ahora el Gobierno va a centrarse en combatir la evasión fiscal y racionalizar los subsidios.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
diciembre 19 de 2018
2018-12-19 09:45 p.m.
https://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/02/09/56ba4e7b94041.png

Tal vez el momento que más resume la desfachatez con la cual el Congreso aprobó ayer el proyecto de ley de financiamiento que en pocos días será sancionado por el Presidente de la República, tuvo lugar ayer en la Cámara de Representantes. Mientras los observadores y la prensa esperaban una sesión intensa y contrarreloj, pues anoche vencía la citación para sesiones extraordinarias, la corporación decidió de un plumazo acoger la versión que salió del Senado y votarla en bloque, sin importar los doce artículos adicionales que se le incorporaron a última hora o los temas que causaban controversia.

Ese fue el epílogo de lo que los estudiosos describirán como la reforma de normas tributarias menos debatida de la historia reciente y la más rápida de todas: apenas seis semanas largas entre la radicación del texto original y la confección del definitivo. A pesar de las críticas de los analistas y de sorpresas como la sobretasa en el impuesto de renta para las entidades del sector financiero, las caras de satisfacción de los integrantes del equipo económico hablaron por sí solas.

El motivo es que el Gobierno aseguró los recursos con los cuales respalda parcialmente un desfase presupuestal de 14 billones de pesos. Si bien los recaudos calculados en 7,6 billones para el 2019 pueden parecer pequeños frente a la meta inicial, la verdad es que superan lo que dejó en su primer año la Ley 1819 del 2016, que elevó la tarifa general del IVA en tres puntos porcentuales. Es cierto que ahora el Ministerio de Hacienda está obligado a apretarle el cinturón a las demás carteras y recortar en más de 6 billones de pesos la programación del gasto del próximo año, pero el Gobierno logra conservar un margen de maniobra importante.

Más que entrar en la discusión de lo que pudo ser y no fue, es importante centrarse no solo en el reto inmediato de cuadrar las cifras, sino en los desafíos que vienen. El motivo es que el Ejecutivo sabe que la realidad de las cuentas fiscales se le puede complicar del 2020 en adelante, si decide cruzarse de brazos. Por ello, vale la pena leer entre líneas lo que dijo Alberto Carrasquilla ayer en la rueda de prensa que lideró.

Para comenzar, la esperanza de la administración es que el país avance por una senda de crecimiento más rápido. Un Producto Interno Bruto que se expanda a mayor velocidad llevaría a ingresos tributarios más elevados, algo que en el modelo oficial sería posible por los estímulos a la inversión y rebajas a las tarifas de renta de las empresas.

De manera complementaria, hay un fuerte énfasis en la lucha contra la evasión. En alguno de los borradores que se distribuyeron un par de meses atrás con proyecciones sobre el escenario fiscal en el 2022, el cálculo mostraba que la labor de la Dian conseguiría 20 billones de pesos. Tanto las nuevas herramientas legales como el fortalecimiento administrativo de la entidad –que comprende un importante aumento de la planta de personal– forman parte de ese objetivo.

También es importante la aprobación del régimen simple que busca combatir la informalidad entre las pequeñas y medianas empresas. El ejemplo de Brasil, en donde un esquema muy similar consiguió ampliar de manera sustancial el número de contribuyentes, lleva a pensar que aquí podría conseguirse el progreso que no se obtuvo con el monotributo.

Por último, hay un plato fuerte que será servido en el 2019 y consiste en una racionalización de subsidios. El recorte a los apoyos que recibía la clase media para adquirir su vivienda sería tan solo el abrebocas de una cirugía mucho mayor, en un país en donde los dineros estatales llegan a sectores de la población que no los necesitan. Esa sería la manera de respetar la regla fiscal sin volver al Congreso, para no repetir el mal sabor actual. De ahora en adelante, el sombrero sería reemplazado por el garrote y la tijera.

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado