Ricardo Ávila
Editorial

La llave perdida

En contra de las previsiones iniciales, el año que termina tampoco trajo mejores cifras económicas para América Latina y el Caribe.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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Ricardo Ávila
diciembre 23 de 2018
2018-12-23 06:55 p.m.
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Este año tampoco fue y el próximo está en veremos. Así, de manera coloquial, podría resumirse el mensaje del informe presentado por la Cepal, la semana pasada, con respecto al comportamiento de las economías de América Latina y el Caribe durante el calendario que termina y las perspectivas para el 2019.

Y es que la región no levanta cabeza. En contra de las expectativas de hace unos meses, que hablaban de mejores tiempos, el crecimiento del 2018 apenas sería del 1,2 por ciento, inferior al del periodo precedente. La falta de dinamismo de Brasil, combinada con el retroceso de Argentina y la debacle de Venezuela, acabaron siendo determinantes para que el parte de mediocridad continúe.

Por su lado, a Bolivia, Chile y Perú no les fue mal, junto con Panamá y algunas islas del Caribe. En comparación con el promedio general, Colombia puede darse por bien servida. El país está en la parte de arriba de la tabla, a pesar de que ocupa el lugar 15 entre los de mejor desempeño.

Parte de la explicación sobre la mediocre evolución de esta zona del mundo recae en que las exportaciones no despegaron con la fuerza que los optimistas esperaban, a pesar de un repunte considerable, aunque efímero, en los precios de los bienes primarios. Sin embargo, el factor más importante en el entorno global fue el cambio en las condiciones de financiamiento que se expresaron en tasas de interés más altas, menor acceso al crédito y salida de capitales de las economías emergentes. Ello explica por qué casi docena y media de monedas locales perdió terreno frente al dólar.

No parece que las cosas en el futuro cercano vayan a cambiar mucho. Todas las previsiones plantean que el año próximo será más turbulento, debido a que las nubes de tormenta se siguen acumulando en el horizonte del planeta. Las previsiones en los cinco continentes hablan de una desaceleración en medio de tensiones de diverso orden, comenzando por las comerciales. El comportamiento a la baja de los mercados de valores, visto en días recientes, es un elocuente indicador de las expectativas.

Aun así, la Cepal espera que en el 2019 el crecimiento regional sea un poco más elevado y se ubique en 1,7 por ciento, si bien reconoce que la incertidumbre es el elemento más notorio en cualquier proyección. Con el fin de navegar en el mar de dudas que plantean las condiciones cambiantes del planeta, el organismo aconseja tener cuidado con el endeudamiento externo y prestarle atención a los desequilibrios en la balanza de pagos.

Por otra parte, hay el señalamiento de que el motor de la actividad económica en los diferentes países de la zona seguirá siendo el consumo interno. Para que este no se afecte, se vuelve imperativo mantener la casa en orden en materia fiscal, a través de un combate más efectivo a la evasión de impuestos y la búsqueda de mayores ingresos tributarios. Una recaudación más progresiva, combinada con programas de protección social para los más vulnerables, permitiría que los avances en la lucha contra la pobreza sigan.

En un plazo más largo, la Cepal insiste en que vale la pena cambiar la estructura exportadora hacia productos con mayor valor agregado y conocimiento. Hacer uso de la revolución tecnológica, impulsar el crecimiento verde o reinventar la integración regional, también se encuentran entre las modificaciones estratégicas sugeridas.

No obstante, queda planteada la duda sobre si el populismo, que viene de contagiar a Brasil y México, le permitirá a esta área adelantar las tareas pendientes y volver a los índices de crecimiento de comienzos de siglo. Siempre pueden ocurrir milagros, pero la probabilidad de que ello pase es baja, por lo cual no hay que hacerse ilusiones de cómo le va a ir a una región que no logra encontrar la llave que le abre la puerta al progreso.

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