Ricardo Ávila
Editorial

La segunda taza

A juzgar por lo dicho el sábado pasado en el Capitolio, nada hace pensar que Iván Duque tenga ninguna intención de cambiar el rumbo fijado.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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Ricardo Ávila
julio 21 de 2019
2019-07-21 03:45 p.m.
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Para alguien que se dio a conocer a la opinión desde una curul del Senado, volver a estar entre las paredes del Capitolio tuvo un significado especial. Así quedó claro el sábado cuando, con ocasión del 20 de julio, Iván Duque pronunció un extenso discurso en el salón elíptico para instalar formalmente la nueva legislatura. Visiblemente emocionado, el mandatario hizo un recuento de lo conseguido en los 11 meses y medio transcurridos desde cuando usó la banda tricolor.

Precisamente, en concordancia con lo esbozado el pasado 7 de agosto, las palabras del Presidente giraron en torno a los ejes temáticos de equidad, legalidad y emprendimiento. Los pilares en cuestión tocan directamente a la economía, por lo cual vale la pena darle un repaso a los planteamientos más fundamentales.

Con respecto al primero, el énfasis estuvo en los principales programas de gasto. Debido a ello, Duque recordó los montos destinados a educación, a través de estrategias que comprenden Generación E (el remplazo de Ser Pilo Paga), el avance de la jornada única o el refuerzo del plan de alimentación escolar. También estuvieron presentes la salud y la vivienda, al igual que las tecnologías de la información o los esfuerzos en materia de cobertura de electricidad. No podían faltar las energías alternativas o la infraestructura vial y en especial el empeño por destrabar iniciativas en líos.

En lo que atañe a la legalidad, los platos fuertes comenzaron por la lucha contra el narcotráfico, que puede salir repotenciada tras la sentencia de la Corte Constitucional de la semana pasada, que posibilitaría el regreso de la fumigación con glifosato. Aparte de lo planteado en referencia a la delincuencia común y la corrupción, más de un titular destacó la reiteración del compromiso de construir una Colombia en paz.

Por su parte, los analistas económicos tomarán nota de la insistencia en que la horrible noche del bajo crecimiento cesó y ahora se abre una época de nuevas posibilidades, por cuenta de la ley de financiamiento aprobada en diciembre y la simplificación y eliminación de trámites. El tono optimista resultó evidente e incluyó inversión extranjera, recaudo de impuestos, actividad industrial e innovación, entre otros puntos.
Hacia adelante, quedó claro que vendrá una propuesta de reforma al régimen pensional y que las iniciativas de la misión del mercado de capitales estarán sobre la mesa.

Tal como ha sido usual en los discursos presidenciales, el mensaje hacia el legislativo se centró en la cooperación y no en la confrontación.

Todo lo anterior está muy bien, aunque no faltaron los señalamientos respecto a que no se habló con franqueza de los obstáculos en el camino. Para decirlo de manera esquemática, los tropiezos reconocidos se le adjudicaron a herencias de la administración anterior, mientras que las inquietudes que plantean los observadores independientes fueron ignoradas.

Aunque no es la primera vez que eso ocurre, algunos habían creído que por cuenta del cambio generacional vendría un nuevo estilo de hablarle al Congreso, con una mayor dosis de franqueza y autocrítica. Otra vez vuelve a verse el fenómeno de realidades paralelas, en el cual la administración observa las cosas de una manera optimista y la ciudadanía muestra preocupaciones, que explican su talante negativo.

En resumen, no hubo indicación alguna en el sentido de rectificar ninguna hoja de ruta. Quienes esperaban ajustes en el gabinete antes de la sesión plenaria de ayer, se quedaron con los crespos hechos, al igual que los que decían que el Ejecutivo se sacaría un as debajo de la manga.

Por el contrario, el segundo año de Iván Duque apunta a tener un libreto muy similar al del primero. Tal parece que aquí se va a reeditar en la práctica aquel refrán según el cual “al que no quiere caldo, se le dan dos tazas”.

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