Ricardo Ávila
Editorial

La tarea pendiente

El aumento en las cifra de las exportaciones, no esconde el desafío del país en lo que atañe a una necesaria diversificación de bienes y mercados.

Ricardo Ávila
Exdirector de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
febrero 05 de 2019
2019-02-05 08:54 p.m.
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Hay noticias que a primera vista parecen muy positivas, pero que una vez analizadas dejan una sensación agridulce. Algo de ese estilo sucede con el reporte de las exportaciones colombianas durante el 2018, entregado ayer por el Dane. Detrás de las cifras generales que van en la tendencia correcta, existen debilidades que no se pueden pasar por alto.

Es indiscutible que el alza de 10,4 por ciento en lo facturado frente al año precedente es alentadora, pues confirma que hay una progresión en curso. Además, los 41.831 millones de dólares vendidos confirman que tuvo lugar una recuperación notable, en comparación con los 31.768 millones del 2016. Debido a ello, la vulnerabilidad externa de la economía disminuyó de manera notoria.

Sin embargo, salta a la vista que el motor de la mejoría es movido por las actividades extractivas. De hecho, el capítulo que cobija combustibles y carbón experimentó un salto del 17,5 por ciento que opacó el aceptable avance del 8 por ciento de las manufacturas y ayudó a compensar la caída del 0,7 por ciento en bienes agropecuarios, alimentos y bebidas.

La historia habría sido distinta de no ser por el aumento en las cotizaciones del petróleo. Aunque en los dos últimos meses del calendario que viene de terminar las condiciones variaron radicalmente, durante los otros diez sucedió una pequeña bonanza que se tradujo en ingresos extra.

Debido a ello, el peso de los hidrocarburos y sus derivados en la canasta exportadora volvió a ubicarse en 40 por ciento del total, un nivel muy similar al observado en el 2015. Si a lo anterior se le agrega el 18 por ciento que representa el carbón y el casi 6 por ciento que en conjunto aportan oro, esmeraldas y ferroníquel, dos terceras partes de las ventas de Colombia están asociadas a la minería.

Lo anterior revela que queda un largo trecho por recorrer en lo que atañe a contar con una oferta más diversa, sobre todo en bienes con valor agregado. Y si bien América Latina es conocida por concentrarse en el sector primario, las comparaciones regionales tampoco nos dejan bien parados. Aparte de que estamos a años luz de México, las cifras muestran que Chile, Perú o Brasil, pueden contar más historias de éxito.

Esa afirmación no desconoce que hay esfuerzos encomiables en algunas áreas. Por ejemplo, en 2018 se despacharon 1.572 millones de dólares en vehículos, un logro que sirve para hacer menos deficitaria la balanza en este campo. También vale la pena destacar que en el ramo de la química, abastecemos a docenas de países, con ventas que ascendieron a 3.211 millones de dólares en compuestos, el año pasado.

Por su parte, seguimos avanzando en el aprovechamiento nuestras condiciones naturales. Además de café, banano y flores, el aceite de palma gana mercados, al igual que las frutas frescas o la tilapia. Las posibilidades para el cacao -que alcanzó una cosecha récord- son grandes, tanto como las del aguacate, cuyos primeros contenedores ya se despacharon.

De otro lado, un buen número de empresarios está pendiente de lo que suceda en Venezuela. A pesar de que la economía del país vecino tiene la mitad del tamaño del 2013, la posibilidad de que ocurra una renovación política y comience un largo proceso de reconstrucción, representa una enorme oportunidad para su proveedor natural, que es Colombia. Aunque nada pasará de la noche a la mañana, todavía se escucha con nostalgia que alguna vez llegamos a exportar más de 6.000 millones de dólares, junto con la aseveración de que volver a esa cifra es factible.

En el entretanto, hay que seguir insistiendo en la diversificación, a pesar de los vientos proteccionistas que corren por el mundo. Solo cuando podamos ofrecer un abanico amplio y robusto, se justificará hacer la celebración del caso.

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