Ricardo Ávila
Editorial

La verdadera batalla

Detrás de las sanciones en contra de la multinacional china Huawei, está la lucha por la supremacía tecnológica en el mundo.

Ricardo Ávila
Exdirector de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
mayo 20 de 2019
2019-05-20 09:45 p.m.
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A primera vista, la decisión tomada por la administración Trump la semana pasada con respecto a Huawei, la multinacional china que fabrica equipos de telecomunicaciones, se circunscribe a una empresa que es objeto de controversia desde hace tiempo. Con base en reportes de inteligencia, Washington les ha insistido a sus aliados que los equipos vendidos por el conglomerado asiático pueden ser usados para labores de espionaje, una sindicación que genera el más enfático rechazo de la firma y del gobierno en Pekín.

En el pasado, las acusaciones derivaron en la cancelación de contratos en un número relativamente pequeño de mercados, especialmente en lo que atañe a instalaciones de redes móviles. Nada de ello se compara, sin embargo, con la avalancha de ahora que toca directamente a los usuarios de telefonía celular.

Así quedó claro ayer después de que Google dijera que piensa limitar los servicios que le provee a la compañía asiática, la segunda más grande del mundo en su segmento. A partir de la fecha, los celulares de Huawei que usan la plataforma Android pueden no recibir actualizaciones, con excepción de las aplicaciones de fuente abierta. A menos que el plazo de tres mes dado ayer se alargue, es probable que algunas de las herramientas más usadas lleguen a dejar de funcionar con el paso del tiempo.

Dados los 200 millones de aparatos vendidos por el conglomerado el año pasado (la mitad de ellos fuera de China), el impacto de la determinación se sentirá en múltiples latitudes. A lo anterior se suman las barreras para que un gran número de proveedores le siga suministrando insumos en 90 días, lo cual, eventualmente, alteraría la disponibilidad de diversos modelos, así esta haya acumulado inventarios importantes en semanas recientes.

Es de imaginar que ante las nubes de tormenta que se venían acumulando en el horizonte, la compañía no estuviera cruzada de brazos. En las declaraciones entregadas por diferentes ejecutivos, queda claro que pronto aparecerá un sistema operativo distinto y que se está trabajando con fabricantes de componentes sustitutos que podrían reemplazar a nombres tan conocidos como Qualcomm, Broadcom o Intel.

Pero más allá de lo que suceda, los analistas consideran que aquí lo que hay en marcha es una verdadera batalla por la supremacía tecnológica en el planeta. Un primer resultado de la confrontación es el despliegue de lo que The New York Times describe como una “cortina de hierro” en estas materias, haciendo referencia a la barrera física e ideológica que construyó la antigua Unión Soviética después de la Segunda Guerra.

Bajo esta visión, habrá al menos dos estándares: uno a cada lado del Océano Pacífico. Cada cual desarrollará a su manera los pasos que vienen, incluyendo la telefonía de quinta generación o 5G que multiplicará la velocidad de manejo de datos inalámbricos. Promesas como los vehículos autónomos o el propio internet de las cosas dependerán de la ingeniería que esté detrás de miles de máquinas.

Saber quién se alzará con la supremacía al cabo de unos años, es algo imposible. Lo que sí es seguro es que la confrontación será más fuerte y traerá consecuencias para incontables negocios de todos los tamaños. Los bandos harán uso de todos los instrumentos a su alcance para obligar a los países que consideren aliados a que se alineen a su lado, por lo cual Colombia debería abrir los ojos y pensar en que los intereses del consumidor deben primar ante otras consideraciones como las diplomáticas.

El giro que han tomado los eventos es un golpe más a la globalización. Hasta hace poco, parecía que la revolución tecnológica no encontraría obstáculos en el camino y que los habitantes del globo podrían optar a la misma oferta de bienes y servicios. La geopolítica acaba de confirmar que eso no va a suceder así.

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