Ricardo Ávila
Editorial

Otra asignatura más

La fuerte caída en el Índice de Confianza del Consumidor en noviembre, es un campanazo de alerta sobre la marcha de la economía el año que viene.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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Ricardo Ávila
diciembre 17 de 2018
2018-12-17 08:41 p.m.
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Como si la economía colombiana no tuviera suficiente con los nubarrones conocidos, ayer le apareció uno más. Se trata de la confianza del consumidor, que experimentó una fuerte disminución en noviembre, de acuerdo con Fedesarrollo, la entidad que elabora el indicador en cuestión desde comienzos del siglo.

Bajo cualquier óptica que se mire, el dato es malo. Si bien el índice se encontraba en terreno negativo desde septiembre, en ese momento estaba cerca del punto de equilibrio. Incluso en octubre tuvo lugar un deterioro adicional, aunque de orden menor.

En cambio, la descolgada el mes pasado superó los 18 puntos porcentuales. En contraste con el máximo del 2018, alcanzado en junio, el retroceso es de 35 puntos porcentuales. Puesto de otra manera, los colombianos pasaron de la esperanza a la desesperanza en un lapso muy rápido. Ni siquiera cuando se desplomaron los precios del petróleo, hace cuatro años o llegó la propuesta de subir la tarifa del IVA del 16 al 19 por ciento en el 2016, ocurrió algo similar.

Como siempre pasa en estos casos, hay múltiples interpretaciones sobre las causas de lo sucedido. En la presente ocasión, no existe duda entre los especialistas con respecto al impacto atribuible a la ley de financiamiento, en medio de un clima político pesado que comprendió marchas estudiantiles y nuevos escándalos de corrupción.

Sin embargo, cuando se miran los componentes del índice, salta a la vista que el mayor deterioro se dio en el campo de las expectativas, mientras que en lo que atañe a las condiciones económicas actuales el parte no acabó siendo tan malo. En concreto, una amplísima mayoría considera que en los próximos doce meses no tendremos buenos tiempos o que las condiciones del país no van a mejorar el año que viene.

Semejantes apreciaciones pueden sonar contraevidentes para aquellos compradores que en la actual época navideña encuentran ríos de gente en los centros comerciales o largas filas para pagar en las cajas de todo tipo de tiendas. De hecho, en su más reciente reporte, el Dane informó que en octubre las ventas de los almacenes experimentaron un crecimiento del 6,5 por ciento en términos reales, por encima de las apuestas de los especialistas. Entre 16 actividades a las que se les hace seguimiento, 14 mostraron avances.

No obstante, múltiples estudios confirman que termómetros como este, que le toman la temperatura al talante del consumidor, son claves para anticipar el comportamiento de la demanda interna, que es el principal motor de la economía. En la medida en que la ciudadanía considere que el ambiente es menos propicio para hacer efectivas sus decisiones de gasto o inversión, ello acabará incidiendo sobre el crecimiento.

De la medición de Fedesarrollo queda claro que el motivo principal del negativismo es la situación nacional, mucho peor que la percepción sobre la salud económica del hogar. Teniendo en cuenta que usualmente las personas abren su billetera tomando como base su realidad personal, existe la probabilidad de que el desánimo colectivo no alcance a descarrilar la marcha del consumo.

En cualquier caso, el campanazo de alerta debería escucharse con fuerza en el seno del equipo gubernamental. Recuperar la confianza se convierte en una asignatura crucial para el 2019, más allá del balance de la legislatura.

Y dicho objetivo parte del mensaje de que hay una ruta clara, al igual que un buen manejo de los asuntos públicos. Es crucial, entonces, que los encargados de fijar las políticas hablen y señalen que existe una luz al final del túnel. Dada la polarización y los mensajes apocalípticos que aparecen en las redes sociales, el desafío no es sencillo. Pero cruzarse de brazos o mantener la boca cerrada no es una opción.

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