Ricardo Ávila
Editorial

Que prime la sensatez

Los excesos en el aumento del salario mínimo podrían generar mayor inflación, incremento en las tasas de informalidad y desempleo.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
diciembre 04 de 2018
2018-12-04 09:24 p.m.
https://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/02/09/56ba4e7b94041.png

Así como diciembre llega con su carga de tradiciones que incluyen luces navideñas, aguinaldos y actividad comercial, también es propio de la época el proceso de negociación del salario mínimo. Si bien las reuniones de la Comisión de Concertación, creada por la ley, ya empezaron, solo hasta la presente semana el ritmo de los encuentros comienza a ser mayor, siempre con la meta de llegar a un consenso.

Siguiendo una especie de libreto no escrito, algunos integrantes del comité tripartito que componen representantes del sector privado, los sindicatos y el Gobierno plantearon ya sus posiciones en torno al nuevo nivel de la remuneración que hoy está en 781.242 pesos mensuales. En las organizaciones de trabajadores se habla de un reajuste entre 10 y 12 por ciento, mientras que hay gremios que aconsejan 4 por ciento. Por su parte, la ministra de Trabajo, Alicia Arango, sostuvo ayer que el Gobierno plantearía su propia cifra, lo que es una novedad, aunque no aclaró cuando la anunciará.

De acuerdo con la ortodoxia, la fórmula utilizada debería ser el aumento de la inflación en el año que termina más la mejora en productividad. Aunque el calendario aún no finaliza, los analistas consideran que el alza en el Índice de Precios al Consumidor estará en cercanías de 3,4 por ciento. Por su parte, Planeación Nacional entregará mañana el segundo componente de la ecuación, cuyo avance no debería superar el medio punto porcentual.

No obstante lo anterior, es posible que la cifra final sea un poco más elevada. A fin de cuentas, el salario mínimo real muestra un avance del 36 por ciento en lo corrido de este siglo, según el Ministerio de Hacienda. Una progresión adicional se ajustaría al patrón del pasado reciente.

Lo anterior no quiere decir, en absoluto, que el debate esté zanjado. Aparte de las posturas de unos y otros en la mesa, hay externalidades que deben tenerse en cuenta. La más importante proviene del Congreso, en donde es usual que en la Comisión Séptima de la Cámara o el Senado se radiquen iniciativas que, la mayoría de las veces, fracasan.

Sin embargo, en la presente oportunidad hay un proyecto de ley presentado por Álvaro Uribe, que cuenta con alta probabilidad de ser aprobado. Este plantea una prima adicional para los trabajadores, equivalente a medio sueldo anual, lo cual se asemeja a un reajuste salarial superior al 4 por ciento. La propuesta reemplazó a una idea del expresidente de darle facultades al Ejecutivo para subir el mínimo a destiempo, y hace unos días fue aprobada por amplia mayoría en su primera instancia.

En su momento, cuando la versión inicial de la ley de financiamiento planteó extender el cobro del IVA a más artículos de la canasta familiar, no faltó quien dijera que esta era una opción para proteger la capacidad adquisitiva de cientos de miles de hogares. Ahora que ese intento fracasó, la justificación es menos obvia, a la que los empresarios señalan que habría un alza de los costos laborales que se sumaría a la salarial.

La manera de desenredar ese nudo gordiano no ha sido definida. Los sondeos informales muestran que la mayoría de los parlamentarios apoyan la prima extra, lo cual se le convertiría al Ejecutivo en una papa caliente, pues este no tendría espacio para oponerse a lo que impulsa el fundador del Centro Democrático. Como máximo la aspiración es que el articulado languidezca en los vericuetos del trámite parlamentario.

Mientras la incógnita se define, los académicos señalan el peligro de caer en el populismo salarial y recuerdan que los excesos pueden desembocar en una mayor inflación o en aumento en las tasas de informalidad y desempleo. Falta ver, entonces, si la sensatez vuelve a un tema que se juega ahora en dos escenarios distintos, en los cuales los intereses y las ambiciones son distintas. Ojalá alguien recuerde que el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones.

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado