Ricardo Ávila
Editorial

Todo un Frankenstein

El giro tomado por la ley de financiamiento, cuya nueva versión debería conocerse hoy, no es deseable en un país que busca ser más competitivo.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
noviembre 26 de 2018
2018-11-26 09:22 p.m.
http://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/02/09/56ba4e7b94041.png

Falta que la ponencia sea radicada en el Congreso, pero ayer empezó a salir humo blanco del Capitolio, tras las reuniones que sostuvieron los ponentes de la ley de financiamiento con la cual el Gobierno de Iván Duque aspira a conseguir 14 billones de pesos. Si bien nada está escrito en piedra hasta que el Ministerio de Hacienda le dé su bendición a la propuesta, la versión definida en la víspera cumple con el objetivo de evitar un recorte en el presupuesto nacional del 2019.

No obstante, es indudable que las opciones definidas después de que la columna vertebral del proyecto original presentado por el Gobierno –que comprendía la ampliación de la base del IVA a buena parte de los bienes que conforman la canasta familiar– acabó recibiendo un entierro de tercera, serán polémicas. El motivo es que más de uno señalará que el objetivo inicial de redistribuir las cargas tributarias quedó en entredicho.

Como se recordará, el propósito era cobrarles menos a las empresas y más a las personas, pues todas las comparaciones internacionales disponibles muestran que la tarifa efectiva de las primeras está muy por encima del promedio regional y de la propia Ocde. En la medida en que haya una reducción, habría más alicientes para la inversión y la formalización, algo que se podría traducir en más oportunidades de empleo.

El problema es que ahora puede acabar saliendo lo comido por lo servido, como reza el dicho. Y es que cerca de la mitad de los nuevos recaudos previstos saldría de limitar en 10 por ciento los descuentos que hacen las firmas contribuyentes del IVA, lo cual generaría unos seis billones de pesos el próximo año.

En respuesta, los defensores del esquema dirán que se preservan ciertos elementos de progresividad. Así, los individuos de más altos ingresos deberán cancelar una tarifa marginal más elevada, mientras que los patrimonios superiores a 5.000 millones de pesos se verán sujetos a pagar el 1,5 por ciento. Adicionalmente, los dividendos quedarían castigados con un gravamen del 15 por ciento, al igual que el giro de utilidades al exterior, cuya contribución sería del 7,5 por ciento. Tampoco se salva la venta de vivienda de más de 918 millones de pesos, a la cual se le aplicarían un impuesto al consumo del 2 por ciento.

Y la lista no termina. Tanto los fabricantes de cerveza como de bebidas gaseosas verían la llegada del llamado IVA plurifásico, que extendería el tributo a más eslabones de la cadena. A su vez, las entidades financieras tendrían que asumir una sobretasa en renta de cinco puntos porcentuales.

Todo lo anterior constituye un cambio inmenso en las reglas del juego vigentes. Más que responder a una estrategia de competitividad en favor de la iniciativa privada, da la impresión de que la prioridad fue la de tapar el agujero fiscal sacando conejos del sombrero, algunos más grandes que otros. Ello no solo aumenta la ya conocida inequidad del sistema tributario, sino que puede traer consecuencias indeseables al golpear, de manera desproporcionada, a los exportadores o convertirse en un desestímulo importante a la inversión extranjera.

Aparte de lo anterior, los asalariados de altos ingresos dirán que siguen estando en la mira del fisco, tras el impacto de la reforma del 2016. También se harán sentir los voceros del ramo de la vivienda, ante lo que le puede pasar al mercado de casas y apartamentos en los estratos más elevados.

Queda por verse cómo sobreviven los alivios que se llegaron a plantear para las personas jurídicas. La promesa de menores impuestos de renta, al igual que las deducciones por la compra de activos o el pago de diferentes gravámenes, tendrán que pasar por el cedazo de la necesidad de recursos. Si las cuentas no dan, hay posibilidad de más sorpresas por parte de este Frankenstein en que se convirtió el proyecto de ley de financiamiento.

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado