Ricardo Ávila
Editorial

Un escenario catastrófico

A días de que el Gobierno dé a conocer el proyecto de ley de financiamiento, vale la pena analizar qué podría ocurrir si el Congreso le dice que no.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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Ricardo Ávila
octubre 28 de 2018
2018-10-28 04:52 p.m.
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Los aplazamientos han sido tantos, que un titular según el cual esta semana sí será presentada la ley de financiamiento que es clave para hacer el presupuesto del 2019, tiende a ser recibido con gestos de incredulidad. No obstante, una mirada al calendario revela que realmente el margen de espera se acabó y que aun con la previsible convocatoria a sesiones extras del Congreso, los tiempos son muy estrechos.

Por tal motivo, el Gobierno deberá emplearse a fondo para sacar adelante una propuesta que seguramente será polémica, pues la búsqueda de 14 billones de pesos –dos veces lo que generó la reforma tributaria del 2016, que elevó el impuesto al valor agregado al 19 por ciento– pisará muchos callos. Aparte del propósito general de universalizar el cobro del IVA o de hacer más progresivo el gravamen que se aplica a la renta de las personas, los conocedores saben que el diablo está en los detalles, ya que una coma aquí o un inciso allá, pueden tener consecuencias significativas.

A pocos días de que se conozca el texto de la propuesta, no vale la pena entrar en especulaciones. Lo importante es subrayar lo crucial, que es un asunto que determinará el rumbo de la administración Duque y la estabilidad económica del país. La afirmación suena grandilocuente, pero no lo es.

Basta imaginar que pasaría si los parlamentarios le dan un portazo en la cara al Ejecutivo y la iniciativa de conseguir recursos adicionales fracasa del todo. En cuestión de días, el Ministerio de Hacienda se vería forzado a recortar 14 billones de pesos en la programación de gastos del próximo año, a menos que opte por incumplir la regla fiscal.

Quitarle plata a numerosos programas tendría efectos en múltiples ámbitos. Un ejemplo es que el acuerdo logrado el viernes con las universidades públicas sería imposible de cumplir, lo cual se traduciría en nuevas manifestaciones estudiantiles y un deterioro del clima social. Lejos de aumentar, la inversión pública caería, lo cual afecta negativamente el crecimiento económico, según lo aseveran diversos estudios.

Desde el punto de vista político, el Gobierno quedaría herido en un ala, pues no tendría herramientas para cumplir las promesas de campaña o atender las demandas regionales o de ramos específicos. La señal para el sector privado sería nefasta, con lo cual disminuirían los volúmenes de inversión destinada a proyecto productivos, tanto por parte de los empresarios locales como extranjeros.

En épocas recientes un descalabro de esa magnitud habría sido grave, pero manejable. Cuando abundaba la liquidez en los mercados internacionales, la tolerancia a las dificultades era amplia como lo demuestra la forma en que se manejaron los desequilibrios en diversas economías.

Sin embargo, el mundo es distinto ahora. Si Colombia llegara a anunciar que incumplirá la meta de déficit fiscal por un amplio margen, se arriesga a experimentar un sacudón enorme. Este se expresaría en un deterioro de la nota que nos dan las firmas calificadoras de riesgo, lo que podría conllevar la pérdida del grado de inversión. En caso de que ello ocurra, el costo de endeudarse sería mucho mayor, lo cual se traduciría en pagos de intereses más altos.

No menos inquietante es la eventualidad de que los capitales que ingresaron para comprar bonos públicos en pesos, se vayan. Tal como lo muestra la experiencia de Argentina, una salida masiva de divisas dispara la tasa de cambio, influyendo sobre la inflación.

En resumen, el escenario sería tan catastrófico que la única alternativa razonable es que los congresistas hagan su trabajo y saquen adelante una ley de financiamiento razonable, así esta no se parezca a la versión gubernamental. Tal como reza la frase de cajón, fracasar no es una opción viable y menos para quienes deseen que la economía colombiana avance.

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