Ricardo Ávila
Editorial

Un falso plano

Todo apunta a que el ritmo de la economía colombiana en lo que queda del 2018 será muy similar al observado durante el tercer trimestre.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
noviembre 15 de 2018
2018-11-15 08:00 p.m.
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La expectativa original era que la economía colombiana comenzaría a escalar el 2018 en terreno de ascenso, pero con pendientes más suaves a medida que pasaran los meses. De tal manera, tras un primer semestre relativamente modesto en materia de crecimiento, el segundo mostraría un paso mucho más firme. En cambio, todo apunta a que nos encontramos en un falso plano.

Así se desprende de lo reportado por el Dane ayer, según el cual la expansión del Producto Interno Bruto entre julio y septiembre fue de 2,7 por ciento. La cifra no es mala cuando se compara con el 1,7 por ciento del año pasado, pero es inferior en una décima a la observada en el segundo trimestre. Lo que se podría describir como un ‘congelamiento’ es consecuencia de factores entre los que aparecen luces y sombras.

Sin duda, lo que más brilla es que todos los sectores estudiados mostraron cifras positivas. Aunque a unos les fue mejor y a otros no tanto, el mensaje es que la dispersión es menor ahora, algo que es indicio de una mayor uniformidad.

Especialmente notable es que el ramo de minas y canteras volvió a expandirse, tras tres años de contracciones. El mejor desempeño individual le correspondió al capítulo de minerales metálicos, aunque a decir verdad lo que importa es que la extracción de petróleo y gas mejoró, sin duda, alentada por una coyuntura de precios internacionales más favorable y una menor incidencia de las acciones terroristas. El carbón se mantuvo en rojo, aunque atenuó su declive, lo cual es un buen indicio.

Por otro lado, la construcción experimentó un inesperado repunte, atribuible a las edificaciones. Aquí hay lo que se conoce como un ‘efecto base’, pues el punto de comparación del 2017 era bajo. No obstante, quienes saben del asunto afirman que las ventas de vivienda de interés social han mejorado, lo cual no ocurre en los segmentos más altos del mercado. Por su parte, la construcción de obras civiles sigue en deuda, entre otras porque el programa de concesiones de cuarta generación nada que logra la velocidad esperada.

La otra cara de la moneda es la que muestran los renglones que superaron el promedio. Ese es el caso de administración pública, salud y educación, con un alza real del 4,5 por ciento anual en conjunto. Ese comportamiento, que incluso fue inferior al del trimestre previo, confirma que los gastos estatales son clave para la buena marcha de la economía, sobre todo si el consumo de los hogares avanza de forma modesta.

También hay que destacar el 2,9 por ciento de la industria. El dato no es espectacular en sí mismo, pero la reactivación del ramo manufacturero viene desde hace poco, tras haber superado un largo bache. Que cinco de las seis actividades fabriles analizadas estén en negro –con la única excepción de productos de madera– es algo que merece un aplauso.

Tampoco le fue mal al comercio, con 2,6 por ciento. Es verdad que dicho guarismo está por debajo del visto entre abril y junio, aunque entra dentro de la categoría de lo aceptable.

En cambio, las actividades financieras vienen andando más lento, con un modesto 1,7 por ciento. Más agudo aún acabó siendo el frenazo de la agricultura, afectada por un retroceso del 14 por ciento en la producción de café. Estos dos últimos acápites pasaron en poco tiempo de la vanguardia a la retaguardia, en lo que hace a su dinamismo.

Hecho el balance, queda la duda sobre cómo terminará el 2018. Dado que es improbable un alza significativa en la actividad económica de aquí a diciembre, la mayoría de las apuestas están alrededor del 2,6 por ciento en el año. No obstante, la verdadera incógnita es la del próximo calendario. Y esta no se resolverá hasta que no se sepa cómo quedó la ley de financiamiento, cuya versión definitiva es todavía un acertijo.

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