Ricardo Ávila
Editorial

Un mensaje al que viene

La decisión de la calificadora de riesgo S&P, de rebajarle la nota a la deuda colombiana en dólares, es una señal clara para el próximo gobierno.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
diciembre 12 de 2017
2017-12-12 08:34 p.m.
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A la economía colombiana le pasó con la firma Standard and Poor’s algo parecido a lo que le sucede a los estudiantes que vienen precedidos de buena fama y reciben una evaluación más alta de la que se merecen, hasta que el maestro decide poner una calificación que corresponde a lo que el alumno dice en los exámenes. Guardadas proporciones, así se resume lo que hizo la firma evaluadora de riesgo el lunes, cuando informó que nuestros títulos de deuda ahora merecen un BBB-, un peldaño y no dos por encima del ansiado grado de inversión.

La rebaja debería ser tomada más como una advertencia que como la señal de que nos rajamos. Desde el punto de vista racional, las mediciones que utilizan las compañías que se dedican a mirar la eventualidad de no pago de los emisores de bonos sugerían que estábamos por encima del nivel adecuado. Debido a ello, los analistas reaccionaron con relativa calma al aviso y el mercado tampoco mostró grandes alteraciones.

Por otra parte, no hay señal de nuevas reducciones en el corto plazo, pues ahora la calificación tiene perspectiva estable. El Ministerio de Hacienda señaló, a su vez, que las otras dos compañías más reconocidas que hacen este tipo de oficio se han abstenido de degradarnos, lo cual es una muestra de confianza en nuestras posibilidades.

Aun así, lo sucedido refleja la realidad de una economía que muestra una tasa de crecimiento débil y que enfrenta serios desafíos a la vuelta de la esquina, especialmente en el plano fiscal. La falta de dinámica productiva se expresa en recaudos de impuestos que han estado por debajo de lo esperado, ya que todo indica que el presupuesto establecido por la Dian no se cumplirá en el 2017. De no haber sido por el pago de la sanción impuesta a las compañías de telefonía celular de mayor tamaño por un tribunal de arbitramento, el balance habría sido todavía peor.

Por tal motivo, nos encontramos bajo observación. Quien lea entre líneas el comunicado expedido entenderá que hay mensajes destinados al nuevo Gobierno, independientemente de quien resulte triunfador en las elecciones de mediados del año que viene.

En pocas palabras, el consejo es que hay que mantener la casa en orden, pues en el 2019 cuadrar las cuentas públicas será especialmente desafiante. Y es que aparte de que la estrechez seguirá siendo la norma, la regla fiscal establece que el déficit fiscal deberá seguir bajando. De tal manera, el próximo inquilino de la Casa de Nariño tomará posesión a sabiendas de que las opciones son comenzar su administración con un fuerte recorte de gastos e inversiones o buscar nuevas fuentes de recursos para cumplir con las promesas de campaña.

Es probable que los candidatos traten de evadir esa disyuntiva mientras buscan votos. Las fórmulas de cuadrar la caja a punta de meterle mano a la publicidad oficial o acabar con la conocida ‘mermelada’, servirán para decir que no vendrán más sacrificios. Otros insistirán en sacar conejos del sombrero, usando varitas mágicas y promesas de menores tarifas o de combatir la evasión para encontrar billones de pesos de la noche a la mañana.

Pero aquellos que aspiran a llegar al Ministerio de Hacienda saben que la realidad es mucho más compleja. Sin descontar que se puedan encontrar ahorros aquí y mejoras en eficiencia allá, las exigencias son de tal magnitud que demandan otra reforma tributaria, así reciba otro nombre.

De lo contrario, la amenaza es grande. Standard and Poor’s se encargó de recordar que los títulos de deuda en pesos en manos de extranjeros suman 21.700 millones de dólares, para no hablar de las obligaciones externas. A menos que deseemos mantener bajo el costo de endeudarnos y evitar turbulencias con la tasa de cambio y el crecimiento, no queda otro remedio que aplicarse para no perder la materia.

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