Ricardo Ávila

Salimos bien librados

Tras el desempeño de la industria y el comercio en 2011, de lo que se trata es de lograr que este año ambos ramos evolucionen bien.

Ricardo Ávila
Exdirector de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
febrero 28 de 2012
2012-02-28 04:30 a.m.
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Aquel conocido refrán que afirma que ‘lo que empieza bien, termina bien’ podría aplicarse a la situación de la industria y el comercio en Colombia durante el año que acaba de concluir. De acuerdo con lo reportado por el Dane ayer, mientras las ventas de los almacenes crecieron en 10,3 por ciento durante el 2011, la producción real del sector manufacturero lo hizo en un destacable 4,9 por ciento. Más allá de altibajos ocasionales, ambas actividades tuvieron signos positivos a lo largo del periodo.

Aunque hay claras diferencias en el desempeño entre un ramo y otro, en términos generales se puede decir que lo ocurrido refleja el buen momento de la economía colombiana. De la mano de un importante auge en las exportaciones y gracias a una demanda interna vigorosa, los proyectos privados siguen prosperando. Así lo confirman no sólo los datos citados, sino las encuestas hechas a los empresarios, en las cuales prima el optimismo.

Sin embargo, junto a ese panorama alentador, también vale la pena insistir en que la bonanza no es igual para todos. Las estadísticas oficiales revelan que a casi la totalidad de los comerciantes les ha ido bien, mientras que a los industriales no tanto. Entre los primeros, las ventas reales aumentaron en 15 de 16 áreas analizadas; entre los segundos, el balance fue dispar, pues 30 de 48 subsectores registraron cifras en negro.

La razón de esa diferencia tiene que ver con que el fuerte incremento en el consumo se sintió en los diversos ramos comerciales, encabezados por equipos de informática, automotores y motocicletas, y calzado y artículos de cuero. Parte de dicho aumento se nutrió de mayores importaciones, que por primera vez en la historia superaron la barrera de los 50.000 millones de dólares anuales.

Debido a esa circunstancia, la industria nacional no pudo mantener el mismo ritmo, si bien el desempeño de fábricas como las de minerales no metálicos, azúcar y vehículos fue muy superior al promedio. En cambio, la elaboración de papel y productos editoriales, maquinaria de uso especial o la de hierro y acero, se contrajo.

Ante tales contrastes no suena sorpresivo que mientras el personal ocupado por el comercio subió 6,2 por ciento en el 2011, en el caso de la actividad manufacturera el repunte fue de apenas 1,4 por ciento, con lo cual se logró compensar una reducción del 0,8 por ciento registrada en el 2010.

Y si se toma una perspectiva de varios años, es evidente que la suerte de uno y otro ramo es bien diferente. Por ejemplo, el índice de ventas reales de los comerciantes en diciembre llegó a un nivel que supera en 22 por ciento al de igual mes del 2007. En cambio, en lo que hace a los industriales, el valor de lo producido es casi el mismo, con lo cual alguien podría hablar de una situación de estancamiento.

Una vez más, en cada caso hay particularidades. Si los almacenes reflejan el alza en el ingreso promedio de los colombianos, las fábricas nacionales han tenido que lidiar con la competencia externa, la apreciación del peso y la pérdida del mercado venezolano, que era fundamental para ciertas manufacturas livianas. Como si lo anterior fuera poco, los meses finales del 2011 no fueron los más propicios para el sector real, ante las amenazas de tormenta venidas de Europa. De hecho, si se compara el caso de Colombia con el de otras naciones latinoamericanas, el país sale bien librado.

Por tal motivo, hay que evaluar lo ocurrido con un prisma favorable. Sin desconocer los desafíos propios del comercio y la industria, la verdad es que el balance es positivo.

Ahora de lo que se trata es de mantener un clima favorable que permita que en el 2012 ambos ramos evolucionen bien, para la cual no sólo hay que cuidar la marcha de la demanda interna, sino la concordia entre los sectores público y privado que, a la luz de las cifras, no tienen motivos verdaderos para pelear. Vale la pena desoír los tambores de guerra y recordar que la cooperación es un buen negocio.

RICARDO ÁVILA PINTO
ricavi@portafolio.co

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