Francisco Miranda Hamburger
Editorial

Sin clases y sin trabajo

La política social de la pospandemia debe construirse en las dimensiones que el covid-19 golpeó con tanta severidad.

Francisco Miranda Hamburger
Director de Portafolio
POR:
Francisco Miranda Hamburger
septiembre 02 de 2021
2021-09-02 11:15 p. m.
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Este jueves, el Dane publicó los resultados del Índice de Pobreza Multidimensional (IPM) correspondiente a 2020, el año en que irrumpió la pandemia del coronavirus. A diferencia de la pobreza monetaria- que mide ingresos bajo una línea definida-, el IPM, como su nombre lo indica, recoge cinco dimensiones: condiciones educativas, condiciones de la niñez y de la juventud, trabajo, salud y condiciones de la vivienda y los servicios públicos.

El año pasado, en el peor desplome registrado de la economía colombiana en varias décadas, mientras que la pobreza monetaria subió 6,8 puntos porcentuales al 42,5 por ciento, la multidimensional llegó a 18,1 por ciento, 0,6 puntos porcentuales por encima de la registrada en 2019. En total 489 mil colombianos entraron a la pobreza multidimensional en 2020.

El mayor golpe se dio en las zonas rurales: dos de cada tres nuevos pobres multidimensionales habitan en el campo. El aumento de 2,6 puntos porcentuales en este índice para ‘centros poblados y rural disperso’ debe disparar las alarmas y guiar las prioridades en las estrategias del Gobierno Nacional de lucha contra la pobreza, en especial en las regiones Pacífica (sin Valle del Cauca) y Central.

Mientras que las cuarentenas y la parálisis de sectores económicos deprimieron los ingresos de los habitantes de las ciudades y dispararon la pobreza monetaria urbana, la pobreza multidimensional crece en las áreas rurales y más despobladas. Una mirada más detallada a las cinco dimensiones y quince indicadores que conforman el IPM reflejan el impacto severo generado por la inasistencia escolar y el desempleo de larga duración.

En otras palabras, el cierre de los colegios y escuelas públicas por todo el territorio nacional, impulsado por los sindicatos de maestros, generó un deterioro tangible y medido en las condiciones de la niñez y la juventud colombianas. Lo que muchos economistas y expertos en educación y en pobreza advirtieron en los primeros meses de la pandemia se materializó tanto en las ciudades como en el campo: el injustificado y prolongado rechazo a las clases presenciales se ha traducido en pobreza.

Los datos son impactantes y para no olvidar a quiénes están detrás de ellos, en especial cuando busquen votos para las próximas elecciones presidenciales y de Congreso. El porcentaje de hogares en toda Colombia con niños sin asistir al colegio pasó entre 2019 y 2020 de 2,7 a 16,4, y en las áreas rurales, de 4,6 a 30,1. Que uno de cada seis hogares reporte inasistencia escolar es una situación altamente peligrosa y que requiere una respuesta audaz e inmediata de las autoridades.

Es urgente el retorno, sin más dilaciones ni excusas, a las clases presenciales de quienes no han regresado. Hay que preguntarse ya dónde están y qué están haciendo todos esos niños y jóvenes que no acuden a clases y cuántos ya están en deserción. Si es el caso, el Gobierno Nacional debería recorrer puerta a puerta, vereda por vereda, escuela rural por escuela rural y encontrar esos estudiantes para que regresen a clases.

La foto del impacto de la pandemia en la pobreza monetaria del país se complementa con este índice multidimensional. El deterioro en algunos indicadores como los educativos y laborales muestra un retroceso preocupante que no se mejorará mágicamente con la reactivación de la economía ni se mitigará a punta de transferencias monetarias. La política social de la pospandemia, que debería ser eje central de la campaña 2022, debe construirse en esas dimensiones que la covid-19 golpeó con tanta severidad.

FRANCISCO MIRANDA HAMBURGER
framir@portafolio.co
Twitter: @pachomiranda

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