Ricardo Ávila

Suena el silbato

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
junio 12 de 2014
2014-06-12 12:39 a.m.
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La larga espera de cuatro años que han tenido los aficionados al fútbol ha terminado.

Así será esta tarde, cuando en Sao Paulo suene el pitazo inicial del partido entre Brasil y Croacia, que marca el comienzo del campeonato mundial que reúne a las 32 naciones que superaron la fase clasificatoria.

A lo largo de algo más de un mes, multitudes de todo el planeta tendrán los ojos puestos en las pantallas de televisión.

El cálculo es que uno de cada dos seres humanos seguirá el transcurso de un torneo que despierta verdadera pasión en los cinco continentes.

Alrededor de tan magna audiencia tendrá lugar una verdadera danza de los millones que incluye gastos publicitarios, compra de aparatos de audio y video o adquisición de planes turísticos para aquellos privilegiados que puedan ir en persona a los partidos.

Aunque la atención del público -incluyendo al colombiano- estará fijada en la competencia, vale la pena señalar que hay más de un trofeo en juego. Uno de ellos es en el que compite el país sede, empeñado en demostrar que es capaz de cumplir con la responsabilidad que implica semejante evento.

Lamentablemente todo indica que Brasil da el primer paso con el marcador en contra. Desde hace meses, la prensa se ha llenado de reportes que hablan de atrasos en obras, sobrecostos e incumplimientos.

En lugar de mostrar los avances de la que es la séptima economía del mundo, la misma que ha conseguido grandes avances en la lucha contra la pobreza, el preámbulo ha servido para resaltar la ineficiencia oficial y las rigideces estructurales que afectan al gigante suramericano.

Como si lo anterior fuera poco, el clima social se ha deteriorado en forma notoria. La mejora en los indicadores se ha encontrado con la impaciencia de una clase media en expansión que considera que los servicios estatales que recibe son de mala calidad, desde la educación hasta el transporte.

Suena contradictorio que en la nación en donde el balompié es una verdadera pasión el entusiasmo con la Copa sea tan poco, pues una enorme proporción de la ciudadanía considera que los 3.600 millones de dólares de fondos públicos invertidos para construir estadios -de un total de 11.000 millones- podrían haberse usado en necesidades más urgentes.

A lo anterior hay que agregar las manifestaciones, las huelgas y las protestas de quienes desean utilizar el evento para tramitar reclamos salariales o mejores condiciones de trabajo.

Todo esto crea un clima convulsionado que puede mejorar en los días que vienen dependiendo de la suerte de la selección local, pero que no es el mejor augurio.

Es seguro que cuando la justa termine llegará el debate sobre si el precio pagado -que supera el de los dos campeonatos previos- valía la pena.

Semejante polémica también involucrará a la Fifa, la entidad cuya membresía supera a la de Naciones Unidas y que se encuentra bajo un intenso escrutinio.

Descrito como un club en el que no abunda la transparencia, el organismo trata de contener el escándalo asociado a la designación de Catar como sede del Mundial del 2022. Varias investigaciones periodísticas han concluido que la escogencia del emirato árabe estuvo rodeada de episodios de corrupción de los cuales tan solo aparece la punta del iceberg.

Tales elementos llevan a una contradicción, ya que el deporte más popular de La Tierra necesita una profunda reforma si desea aplicar aquella máxima del ‘juego limpio’ que con tanta insistencia se exhibe antes de cada partido importante.

Esta debe incluir no solo un sistema para que el costo de los torneos que vienen no sea prohibitivo, sino un cambio institucional profundo, pues muchos dirigentes merecen la tarjeta roja.

De lo contrario, los riesgos de entrar en una etapa de deterioro son grandes.

Y eso es algo que no se merecen los miles de millones de hinchas cuya pasión es la responsable de que el fútbol haya llegado al lugar que hoy ocupa.

Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co

Twitter:@ravilapinto

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