Ricardo Ávila
Editorial

Todos contra Facebook

La propuesta de la red social de lanzar una criptomoneda, ha generado la oposición cerrada de los más diversos gobiernos y observadores.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
julio 18 de 2019
2019-07-18 09:08 p.m.
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No existe en los anales del capitalismo nada similar. Una compañía de primer orden anuncia un proyecto que, según su punto de vista, les facilitará la vida a millones de personas. Sin embargo, los más diversos gobiernos y reguladores se oponen a la idea y algunos la califican como un peligro.

El caso probablemente no merecería mayor consideración si la empresa en cuestión no fuera Facebook, uno de los gigantes de la nueva economía. Aunque en ocasiones anteriores la red social ha sido motivo de controversia, nada se compara con lo ocurrido después de que hizo pública su intención de lanzar una criptomoneda: la libra.

La idea no es novedosa, como lo demuestra la existencia de Bitcoin. Con el fin de darle mayor aceptación a la iniciativa, aquí los promotores son varios, bajo el manto de una fundación.

El propósito también suena loable, pues consiste en disminuir de manera radical los costos de transacción a la hora de hacer transferencias de dinero. Para citar un caso, las remesas que envían los más de 300 millones de migrantes que hay en el mundo a sus respectivos países de origen están valoradas en más de 600.000 millones de dólares anuales. Si en lugar pagar comisiones que pueden ser hasta del 10 por ciento, ese monto se queda en el bolsillo de sus dueños originales, el ingreso de incontables familias sería mayor.

El problema es que, para los enemigos de la propuesta, en este caso se aplica el conocido refrán que dice que “de eso tan bueno no dan tanto”. Aunque sobre el papel no habría un interés de obtener ganancias, es evidente que contar con 2.380 millones de usuarios a lo largo y ancho del planeta le daría a Facebook un poder descomunal.

Para comenzar, quien se vuelva usuario de la libra acabaría revelando su situación financiera a una firma cuyo negocio consiste en exprimir los datos de las personas. Desde ofertas de compra hasta opciones de inversión en cualquier punto, podrían aparecer en las pantallas de cada cual, según su realidad.

Esa posibilidad le daría un nuevo significado al “perfil”. Aparte de conocer los gustos de un individuo y sugerirle contenidos de acuerdo con las huellas que deja en el ciberespacio, la compañía podría unir deseos y poder de compra. Cada vez que se materialice la intención de adquirir un bien o un servicio, se causaría una comisión.

Por otra parte, hay consideraciones de marca mayor. Para los gobiernos, genera inquietud que el poder de emitir circulante acabe, en la práctica, siendo compartido con una entidad privada. Ese es un desafío descomunal a la soberanía de los Estados y al poder de los bancos centrales. Basta imaginar que las herramientas usuales de política económica dejarían de operar, al menos parcialmente.

No menos alarmante es que el secreto, uno de los grandes atractivos de la tecnología que está detrás de las criptomonedas, se podría prestar para propósitos indeseables. Uno de ellos es la evasión de impuestos y otro son las actividades criminales. Cómo definir jurisdicciones y acceder a archivos sería un dolor de cabeza para las autoridades en cualquier lugar.

Aun así, todo indica que Facebook piensa seguir adelante con sus planes, con lo cual la libra se volvería realidad en cuestión de meses. A pesar de que su responsable recibió una reprimenda en el Congreso de EE. UU. esta semana o que Donald Trump y Emmanuel Macron están en contra, el proyecto avanza.

¿Cuál será el desenlace de esta historia? Imposible saberlo. Pero la controversia vuelve a comprobar que el poder no necesariamente está en las capitales, sino que se ha fragmentado y una parte está en manos de una serie de empresas asociadas a la cuarta revolución industrial. De cómo se solucione este choque dependerá mucho de lo que pase en lo que queda del siglo XXI.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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