Ricardo Ávila
Editorial

Un camino sinuoso

Aunque en veinte años el euro no ha estado exento de obstáculos, hoy es la segunda moneda más utilizada en el mundo.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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Ricardo Ávila
enero 02 de 2019
2019-01-02 08:00 p.m.
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Hace 20 años, exactamente el primero de enero de 1999, el euro debutó en once países de Europa como moneda oficial.

Y aunque los billetes y las monedas que hoy circulan por el Viejo Continente comenzaron a utilizarse desde el 2002, este es el momento indicado para hacer un balance de las dos primeras décadas de una de las apuestas más audaces de integración de la Unión Europea.

Para comenzar, hay que decir que el camino que ha recorrido el euro en estos 20 años no ha estado exento de obstáculos y dificultades que, incluso, han amenazado su existencia.

Con la misión de eliminar las volatilidades de cada una de las divisas locales –pesetas y liras, por ejemplo– y de aumentar el comercio dentro del bloque, el primer reto del euro supuso cambiarle el chip a los europeos que debían adoptar los más de 15.000 millones de billetes y 50.000 millones de monedas que se inyectaron en los mercados.

Después de afinar las tuercas para que las personas y los comercios adoptaran el euro, la moneda única registró para inicio de 2002 una valoración de 0,86 dólares, lo que la hacía una moneda atractiva para que los países del bloque aumentaran sus exportaciones.

Desde entonces, la cotización del euro inició una constante escalada que llevó a la divisa, en julio de 2008, a su mayor valor con respecto al dólar (1,6038) afectado por la crisis subprime que comenzaba a hacer estragos en los mercados financieros.

En noviembre de ese año, la zona euro se declara en una recesión que se extenderá por doce meses.

Sin embargo, aunque esa coyuntura negativa de la economía mundial sería el primer reto para ‘medir el aceite’ a la divisa europea, estaba lejos de ser el obstáculo más complicado.

En el 2010 estalló la crisis de la deuda, que golpeó con especial fuerza a países como Grecia, Portugal, Irlanda, Chipre y España.

La situación develó las pronunciadas diferencias dentro de la Unión Europea: mientras que algunos países cumplían a cabalidad con los fundamentos macroeconómicos del bloque, otros dejaron entrever una profunda laxitud en su disciplina fiscal que ocultaba la realidad de sus economías.

Mientras que el Banco Central Europeo (BCE) hacía malabares para rescatar las economías de los países más afectados por la crisis, otros miembros del bloque dejaban en claro su malestar al descubrir que, de alguna u otra manera, tendrían que pagar los platos rotos de sus socios menos disciplinados.

Al final, bajo el decidido mandato de Mario Draghi al frente del Banco, el euro logró sobrevivir a pesar del fuerte cimbronazo.

Desde entonces, la divisa ha seguido sorteando diversos obstáculos. Desde la orilla política, la consolidación de movimientos populistas en varios países del bloque que amenazan con retirarse de la Unión Europea, ponen en entredicho a la moneda única.

No obstante, según un sondeo realizado por el BCE en noviembre del 2018, el 74 por ciento de los ciudadanos de la zona euro creen que la divisa ha sido beneficiosa para el bloque, mientras que 64 por ciento considera que ha sido positiva para su propio país.
Desde el punto de vista económico, el bloque europeo tiene pendiente varias tareas para consolidar su integración.

Completar la unión bancaria, ahondar en la adhesión real de los mercados de capitales y avanzar hacia una integración fiscal de los países del bloque son los principales retos que, sin duda, no serán fáciles de sortear y significarán, en todo caso, entrega de la soberanía de cada uno de los miembros de la Unión Europea.

Hoy, el euro aglutina a cerca de 340 millones de personas en 19 países y es la segunda moneda más utilizada en el mundo, después del dólar. También podría decirse que es el pegamento que mantiene unida a la Unión Europea, y aunque en veinte años no ha terminado de secar, lo que sí es claro es que de su sobrevivencia depende la consolidación de una Europa fortalecida.

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