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Francisco Miranda Hamburger
Editorial

Una agenda de equidad

El avance en el cierre de las distintas y profundas brechas que separan a los colombianos debe ser la prioridad de política pública para 2022. 

Francisco Miranda Hamburger
Director de Portafolio
POR:
Francisco Miranda Hamburger
octubre 28 de 2021
2021-10-28 10:00 p. m.
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Hace pocos días el Banco Mundial publicó un informe sobre los desafíos de equidad en Colombia. Los investigadores ratificaron lo que muchos compatriotas comentan en las calles y muchos políticos denuncian: el país es uno de los más desiguales del mundo. De hecho, la colombiana es la segunda brecha de ingresos más alta entre 18 economías de América Latina, después de Brasil.

Esta profunda falla estructural no hizo más que ahondarse ante el brutal choque de la pandemia del coronavirus. La irrupción de la covid-19 hundió a alrededor de 3,6 millones de colombianos bajo la línea de pobreza monetaria, aumentó el coeficiente de Gini y ha desencadenado graves consecuencias a poblaciones específicas como la situación laboral de las mujeres, la empleabilidad de los jóvenes y la calidad educativa de los niños, niñas y adolescentes.

No debe causar mayor sorpresa que esa desigualdad se exprese en múltiples brechas que van desde las regiones hasta la conectividad digital y desde las minorías étnicas hasta la división urbano-rural. De acuerdo a este reporte, entre el departamento más rico del país y el más pobre existe una diferencia en tasa de pobreza total de un 41 por ciento mientras que esa diferencia es de 15 por ciento entre el campo y la ciudad.

En otras palabras, el futuro social y económico de los colombianos depende hoy de la región donde nació, la minoría étnica a la que pertenece, si es hombre o mujer, si vive en entornos urbanos o rurales, si recibe una educación privada o pública, si nace en un hogar de bajos ingresos, y hasta si pertenece a la minoría privilegiada de compatriotas que se beneficia de un abultado subsidio a sus pensiones o trabaja en la informalidad.

Ya incluso se identifican retos de desigualdad en materia de vulnerabilidad a los impactos del cambio climático. A una sociedad tan desigual como la colombiana le será muy difícil alcanzar los niveles de productividad, capital humano y cohesión social requeridas para un crecimiento económico sostenible.

Dentro de las múltiples lecciones que el país debe aprender del choque severo que significó la pandemia están la urgencia de cerrar las distancias en conectividad digital entre los ciudadanos, de mejorar las condiciones de empleabilidad de la población y de robustecer las capacidades redistributivas de los impuestos y las transferencias.

La recuperación de la economía colombiana con empleos, ingresos y equidad es un imperativo tanto ético como político. Junto al retorno a los niveles previos a la pandemia en términos de crecimiento y actividades productivas, los esfuerzos no pueden dejar atrás los evidentes rezagos en puestos de trabajo, brecha de género, capacitación laboral, pobreza e informalidad y educación para niños y jóvenes. Que el optimismo alrededor del PIB y de las dinámicas de la producción no haga perder de foco la reactivación social.

Más allá de estar de acuerdo con todas las recomendaciones de política pública que el informe del Banco Mundial sugiere en materia laboral, fiscal, climática, de capital humano y oportunidades en el territorio, la agenda de la campaña electoral en 2022 debería concentrarse en las rutas para enfrentar esta fotografía de desigualdades. El avance en el cierre de estas múltiples brechas que separan a los colombianos -es decir, una mayor equidad- debe ser la prioridad en las políticas públicas tras la pandemia.

Francisco Miranda Hamburger
framir@portafolio.co
Twitter: @pachomiranda

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