Ricardo Ávila

El viaje no ha terminado

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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Ricardo Ávila
octubre 22 de 2013
2013-10-22 01:10 a.m.
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Cada vez falta menos para que las obras que le dan vida a un remozado El Dorado queden finalizadas. En la tarde de hoy, sin ir más lejos, tendrá lugar la inauguración de la terminal nacional que, sumada a la internacional entregada el año pasado, más que triplican el espacio que existía en el edificio original, con 174.000 metros cuadrados de construcción.

Con la nueva edificación, la experiencia de los viajeros será mucho más amable que en el pasado reciente.

Aparte de las incomodidades propias de realizar semejante emprendimiento entre el ruido y el polvo sin que el ritmo de los vuelos fuera alterado, el rápido crecimiento en el tráfico del aeropuerto bogotano –sucedido desde comienzos de este siglo– dejó al descubierto su estrechez y la necesidad de hacer un borrón y cuenta nueva frente a lo existente.

No podía ser de otra manera para unas instalaciones que este año registrarán el paso de cerca de 24 millones de viajeros. Ante el incremento observado se dice, con razón, que el vestido que hoy se estrena le quedará pequeño al país casi que de inmediato.

Así lo comprobarán quienes arriben en las horas pico y encuentren que más de un avión estará obligado a ubicarse en una posición remota, ante la falta de puentes de abordaje suficientes en el edificio principal.

Ese es el motivo por el que será necesario poner en marcha el plan maestro al cual el Gobierno le dio luz verde hace unos meses, que incluye progresivas adiciones a El Dorado, aparte del traslado próximo de las operaciones no comerciales -comprendidas las de la Fuerza Aérea- al aledaño municipio de Madrid y, más adelante, una nueva terminal en dicha zona.

Suena irreal, pero la Aeronáutica Civil habla de hasta siete pistas en los alrededores del Distrito para dentro de tres décadas, así como de más de medio millón de metros cuadrados en instalaciones, aparte de las obras civiles complementarias.

Sin embargo, antes de llegar allá, hay un oficio pendiente no solo en tierra, sino en el aire. Este tiene que ver con las inversiones que se van a realizar tanto para hacer más seguro el sobrevuelo de la Sabana -cuyo cielo estará surcado por más aeronaves con el correr del tiempo-, sino con el fin de reducir los tiempos en condiciones normales o extremas.

En tal sentido, hay proyectos importantes en curso que deberían permitir un incremento sustancial de las operaciones por hora, es decir de más despegues y aterrizajes.

Puesto de manera coloquial, se busca que todo fluya más rápido, sin que ese objetivo signifique un aumento de los riesgos y sí de la comodidad, pues la espera en pista se reduciría y el carreteo -que en enero llegó a un promedio de 38 minutos- sería más ágil. Así, pasarían a la historia casos como el de un vuelo a Barranquilla, que a comienzos de este año se demoró más de dos horas, después de haber cerrado sus puertas y antes de decolar.

Aparte de procedimientos y capacitación, también es clave la incorporación de nuevas tecnologías para sobreponerse a los imprevistos del clima.

Ello obliga a permitir el vuelo por instrumentos en condiciones de mínima visibilidad, tal como hace poco lo hizo el aeropuerto de Lima al adoptar la categoría de aproximación ILS IIIb, que supera, de lejos, la que hoy se utiliza en Bogotá. Esta posibilita sobreponerse a los días de niebla, que tantos trastornos causan en diferentes épocas del año, o a los inconvenientes que crean las temporadas invernales.

La concreción de esas mejoras tendría lugar en el 2014, una vez queden listos la nueva torre de control y el centro de gestión aeronáutica, cuya labor repercutiría positivamente en los demás aeropuertos del país. Solo hasta cuando esos proyectos se vuelvan realidad se podrá hablar de que la modernización de El Dorado quedó completa, mientras el país hace una breve escala y toma aire para seguir por una senda de expansión, que es tan necesaria como inevitable.

Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co

Twitter:@ravilapinto

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