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Emilio Sardi

El cumpleaños del TLC

No es claro a qué viene toda la alharaca que ha rodeado el cumpleaños de un tratado tal mal negociado y nunca bien aprovechado.

Emilio Sardi
POR:
Emilio Sardi
junio 08 de 2022
2022-06-08 10:23 p. m.
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Al cumplir diez años de su entrada en vigencia, es oportuno revisar los resultados del tratado de libre comercio (TLC) con EE. UU. Su firma fue simple. A inicios de 2004, Robert Zoellick, director de la U.S. Trade Agency, le entregó al Gobierno colombiano de ese entonces un cerro de documentos, informándole que ese era el borrador del TLC y que, una vez lo hubiera leído, debía llamarlo para que viniera a firmarlo. Después de un largo proceso tratando de convencer a los colombianos sobre sus supuestos beneficios, y tras solicitar el cambio de un par de comas, nuestros ‘negociadores’ llamaron, y el TLC se firmó el 22 de noviembre de 2006.

Ese texto fue modificado posteriormente gracias a la intervención de la Iglesia Católica y de las ONG Misión Salud y Oxfam América, quienes lograron que el Congreso de los EE. UU., mediante el protocolo modificatorio de junio de 2007, reversara las más locas cláusulas de propiedad intelectual aceptadas por nuestros ‘negociadores’, que afectaban al acceso de los colombianos a los medicamentos, y redujera en unos US$800 millones anuales su costo para el país. En lo demás, se mantuvo el texto del señor Zoellick.

Por razones políticas, a pesar de que el TLC firmado incorporaba todos los deseos del gobierno estadounidense, apenas en 2012 el Congreso de ese país lo aprobó y este entró en vigencia.

La evolución de la balanza comercial entre los dos países evidencia la bondad del TLC con EE. UU. En 2012, al entrar éste en vigencia, dicha balanza era superavitaria para Colombia en US$8.244 millones. En 2013 el superávit se redujo a US$2.780 millones, y a partir de 2014 nuestra balanza ha sido deficitaria. No solo nuestra balanza con EE. UU. se tornó en deficitaria, sino que el monto de nuestras exportaciones a ese país se redujo. De exportarles US$21.000 millones en 2012, pasamos a US$18.500 en 2013, para estabilizarnos en US$10.000 millones actuales. Durante los últimos siete años les hemos exportado menos que en 2007.

Las importaciones de alimentos a Colombia se han multiplicado casi por cuatro durante la vigencia del TLC, superando hoy los 16 millones de toneladas anuales
. Aunque no todo este aumento puede ser adscrito al TLC, buena parte nace de él. Y en cuanto a la innovación generada por el TLC, más del 80% de los productos que hoy se exportan a EE. UU. ya iban a ese mercado antes de su firma. Mientras el Estado colombiano no haga esfuerzos serios para fortalecer la oferta exportable, los supuestos beneficios de este aspecto del tratado son quimeras.

Al tomar en cuenta lo anterior y otros aspectos del TLC, como la reducción en ingresos fiscales y los gigantescos riesgos de las cláusulas de expropiación indirecta y anulación y menoscabo que obligan a Colombia a resarcir a las compañías estadounidense por cualquier disminución en sus ingresos ocasionada por acciones del Estado colombiano, realmente no es claro a qué viene toda la alharaca que ha rodeado el cumpleaños de un tratado tal mal negociado y nunca bien aprovechado.

EMILIO SARDI
Empresario

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