Emilio Sardi
Columnista

La regla fiscal

Lo que debe ser absolutamente claro sobre esta regla fiscal es que no puede interponerse en la recuperación del bienestar del país y sus ciudadanos.

Emilio Sardi
POR:
Emilio Sardi
julio 16 de 2020
2020-07-16 10:14 p.m.
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Los colombianos del montón pensamos que el costo socioeconómico de las medidas tomadas para enfrentar la amenaza del Sars-cov 2 se refleja en eventos tan dolorosos y graves como el aumento de millones de desocupados.

O en que más de 20% de la población se vea desplazada de la clase media a la pobreza, con las pérdidas de bienestar y salud consiguientes. O en el cierre de más de cien mil empresas. O en las secuelas en enfermedades nerviosas y de todo orden que quedarán en la población, desde los niños hasta los más viejos.

Por el otro lado, con cada vez mayor frecuencia los miembros del olimpo economista del país dan a entender que lo realmente grave es que se incumpla la regla fiscal. Para ellos, lo primordial es cumplirla, y recuperar los puestos de trabajo o restituirle el bienestar a la población es apenas secundario.

Y para lograr este cumplimiento, proponen como urgente medida sepultar a los colombianos bajo una avalancha de impuestos como nunca se ha visto, agravando así brutalmente el gran daño que ya han sufrido.

Para explicar en qué consiste la tal regla fiscal, vale la pena aclarar primero qué es lo que ella no es. La regla fiscal no es una regla matemática, como la regla de tres. Y no es una ley de la naturaleza, como la de la gravedad. Y, a pesar del tono reverencial con el que sus adoradores se refieren a ella, tampoco la bajó Moisés del monte Sinaí junto con las Tablas de la Ley.

La regla fiscal es simplemente una definición artificial, adoptada por una ley de 2011 siguiendo las recomendaciones del FMI, que la vende como un instrumento para asegurar la sostenibilidad de la deuda del país.

Objetivo, por cierto, repartido en forma por demás dispareja, pues mientras el endeudamiento de las naciones emergentes ronda el 60% de sus PIB, más que los triplica en EE. UU. y Europa, donde hay varios tipos de regla fiscal.

Sería irracional pensar en constreñir hoy la capacidad de endeudamiento de Colombia, cuando anteriormente esto no se hizo, aún después de establecida la regla fiscal.

En la administración Santos, cuando no debiera haber habido necesidad de endeudarse pues el país estaba en plena bonanza petrolera y de materias primas, el endeudamiento pasó de 204 billones en 2011 a 493 billones en 2018.

Es evidente que ahora, cuando se necesita sacar al país de una verdadera crisis, sería absurdo bloquear con limitaciones artificiales el endeudamiento que hoy sí necesita.

Colombia vivió sin regla fiscal por dos siglos, y la ha cumplido sólo ocasionalmente desde que la estableció. Salirse de esta ficción autoimpuesta no es pecado, y nadie nos sancionará por hacerlo. Como no lo es desmarcarse de ella por los períodos prolongados que hagan falta.

Lo que debe ser absolutamente claro sobre esta regla es que no puede interponerse en la recuperación del bienestar del país y sus ciudadanos; su fin es simplemente impartir orden en el manejo económico. Por eso, deberá, por encima de todo, ajustarse a las necesidades que tiene la Nación para salir adelante del duro trance en el que se encuentra.

Emilio Sardi Aparicio
Empresario
esardi@tecnoquimicas.com.co

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