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Emilio Sardi
Columnista

Mala herencia

Promesas como esas pueden servir para conseguir puestos en la burocracia internacional, pero no le sirven en nada a Colombia.

Emilio Sardi
POR:
Emilio Sardi
noviembre 16 de 2022
2022-11-16 12:51 a. m.
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A diferencia de lo que suele suceder, este gobierno no encontró raspada la olla de las finanzas, gracias al gigantesco aumento existente en el recaudo tributario, que pasará de $162 billones en 2021 a cerca de $240 billones en este año y excederá $270 billones en 2023, un aumento de 70% en dos años (sin sumar la nueva reforma).

Sí recibió, en cambio, una muy mala herencia de su antecesor: el compromiso que adquirió Colombia, en alguna reunión de la lagartería internacional, de reducir en 51% para 2030 sus emisiones de CO2. Compromiso inane porque Colombia genera apenas el 0,022% del CO2 producido por las actividades humanas, y que ningún país toma en serio ni cumple, pero que se puede usar como excusa para tomar decisiones muy dañinas para nuestra matriz de generación eléctrica.Por décadas, nuestra generación eléctrica se basó en hidroeléctricas, la energía renovable por excelencia. Esto cambió con los racionamientos fruto de los efectos del fenómeno de ‘El Niño’ de 1991-92, cuando quedó claro que, para garantizar confiabilidad, el sistema eléctrico nacional debía contar con una capacidad de generación en firme, térmica o atómica, que no dependiera de fenómenos climatológicos.

La matriz de generación eléctrica colombiana evolucionó en consecuencia, y hoy 73% de su capacidad de generación corresponde a hidroeléctricas. Apoyada por las térmicas, más del 80% de la energía consumida en Colombia es producida por hidroeléctricas, cinco veces el promedio mundial de 16%, siendo este uno de los países con mayor porcentaje de generación limpia en el mundo. Como la necesidad de disponer de un parque térmico para afianzar el sistema es incontrovertible, es claro que éste no debe ser tocado en cualquier plan para reestructurar la matriz de generación futura. Por eso, cuando hablan sobre ‘fuentes alternativas de generación’ están hablando de substituir la generación hidráulica con la eólica o la fotovoltaica. Así fuera en el más mínimo grado, nada podría ser más torpe.

Con más de veinte años en el mercado, estas ‘energías alternativas’ apenas representan el 7% de la generación global, a pesar de haber recibido gigantescos apoyos vía monumentales subsidios y legislaciones protectoras, por tres simples hechos: no son confiables, son enormemente costosas y son altamente contaminantes. Los paneles solares no generan energía de noche ni cuando está nublado, y las instalaciones eólicas no pueden hacerlo cuando no ventea ni cuando ventea mucho (porque sobrecargan el sistema). Y los elementos y baterías que usan, además de requerir minería intensiva para sus insumos generan un severo problema ecológico al desecharse. Amén de sus altísimos costos, que pagarán usuarios, bien sea con impuestos o en las tarifas. Es absolutamente necesario que este gobierno proteja nuestra matriz de generación, que es ejemplar, y que se baje de esa mala herencia que recibió del anterior. Promesas como esas pueden servir para conseguir puestos en la burocracia internacional, pero no le sirven en nada a Colombia.

Emilio Sardi
Empresario

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