Emilio Sardi

Micos y osos

EE. UU. tiene en desarrollo cerca de 20 millones de procedimientos científicos que involucran animales.

Emilio Sardi
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Emilio Sardi
julio 29 de 2012
2012-07-29 07:41 p.m.
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Empujado por unos fundamentalistas dedicados a imponernos los ‘derechos humanos de los animales’, cursa en el Congreso un proyecto de ley dirigido a prohibir el uso de animales en educación e investigación científica en Colombia.

Su uso ha sido esencial para los principales avances que ha logrado la humanidad en conocimiento biológico y médico, así como en áreas como medio ambiente, desarrollos alimentarios y agropecuarios. Con este, ha sido posible desarrollar métodos de diagnóstico, nuevos tratamientos para enfermedades y acciones de prevención, y tecnologías de salud, cada vez más efectivas. Además, los principios éticos que rigen la investigación médica con seres humanos exigen que antes de hacer ensayos con personas, se hayan cumplido experimentos razonables previos que reduzcan sus riesgos, entre ellos, los ensayos preclínicos con animales.

Bloquear la investigación en animales significa que Colombia quede excluida de un campo de la experimentación en el que trabajan países desarrollados y en desarrollo. 84 de los 102 Premios Nobel en Medicina o Fisiología, otorgados entre 1901 y el 2011, dependieron de investigaciones realizadas con animales. En EE. UU. –líder mundial del tema– tiene en desarrollo cerca de 20 millones de procedimientos científicos que involucran animales; la UE, 12 millones; Japón, 5 millones; Canadá 2 millones, y se estima que el resto del mundo, unos 12 millones.

Es absurdo que, cuando se anuncian multimillonarios recursos de las regalías para la investigación y el desarrollo, nuestros legisladores comiencen a cerrar campos en los que el país puede adelantar proyectos de investigación que ofrecen un alto impacto y beneficio para la humanidad.

Es peligroso que, en su afán por superar uno de los momentos de desprestigio más graves de su historia, el Congreso acuda a aprobar irresponsablemente leyes extremistas, que aunque suenen populares, generarán costos irreparables para la comunidad.

Preocupa que ese proyecto pueda tener acogida entre los congresistas que sientan afinidad o identificación con los micos, ratas, lagartos y demás animales que se pueden encontrar en ese augusto recinto. Es irresponsable que con actitud fanática, o por lo menos populista, se promuevan decisiones que frenarían las posibilidades para el avance del conocimiento científico en campos esenciales para la vida humana, animal y el medio ambiente.

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Tan grande como la indignación que experimentamos los colombianos al ver a nuestros soldados agredidos y humillados por una turba cobarde, fue el orgullo que nos hicieron sentir esos soldados por su estoicismo, respeto a las instituciones y obediencia a sus órdenes. Esos hombres merecen todo nuestro respeto y agradecimiento. Las Fuerzas Armadas han sido creadas para combatir en defensa de los colombianos, no para ser humilladas. Cabe preguntar, por qué sus superiores no adoptaron precauciones para no exponerlos así.

Como también deberían explicar por qué permitieron que se diera el espectáculo, que se le trasmitió al mundo, de nuestro Presidente afirmando que el Gobierno no cederá un centímetro de territorio patrio, mientras la narcoguerrilla controlaba las vías a pocas cuadras de donde hacía su pronunciamiento. Si no eran capaces de asegurar el terreno, no debieron haber llevado allá a su comandante en jefe.

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