Emilio Sardi
Columnista

Pobreza o envidia (2)

Es sabido que el instrumento usado para medir la 'equidad', el coeficiente de Gini, es totalmente inadecuado

Emilio Sardi
POR:
Emilio Sardi
junio 16 de 2020
2020-06-16 09:00 p.m.
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Hoy no quise escribir sobre el COCOvid, pues estoy cansado de ver cómo inexorablemente se cumplen todos los vaticinios que por meses he hecho, sin que daños tan claramente previsibles sean evitados.

Retomo, entonces, el tema que me ocupaba antes de la ola de pánico que invadió al mundo a raíz de su aparición: el de la preeminencia de la necesidad de curar la pobreza sobre la de curar la envidia.

Es sabido que el instrumento usado para medir la 'equidad', el coeficiente de Gini, es totalmente inadecuado. Este coeficiente - el de la envidia- fue inventado hace más de un siglo para un mundo totalmente distinto al actual, y arroja resultados como que en 2010 Bangladesh y Países Bajos registraron la misma cifra, a pesar de la gigantesca diferencia en la satisfacción de necesidades básicas de los dos países. Claramente, hay que ir más allá del inútil e inexacto Gini. El fondo realmente es cuál es más importante: la pobreza relativa o la absoluta.

Los activistas de la pobreza relativa prefieren fijarse en proporciones aritméticas y no en la gente. No entienden la economía de mercado y creen que es un juego de suma cero en el que para que algunas personas tengan más, otras deben tener menos. Y buscan ignorar los grandes avances del último siglo en la reducción de la pobreza absoluta.
Entre 1910 y 2003 el ingreso per cápita del mundo se cuadruplicó, y todos, no sólo los ricos, disfrutan hoy de mejores condiciones de vida.

Adicionalmente, la reducción en el costo real de los bienes de consumo, fruto del desarrollo económico, ha incrementado el poder adquisitivo de los más pobres y mejorado su calidad de vida. El aumento de la riqueza ha permitido la democratización de la salud, y la expectativa de vida aumentó en los últimos 60 años de 53 a 73 años.

En los últimos 25 años, más de 1.000 millones de personas en el mundo salieron de la pobreza extrema, y al cierre de 2019 la tasa mundial de pobreza era la más baja en la historia.

En 1981 el 42% de la población mundial vivía en extrema pobreza y 35 años más tarde, en 2015, dicha proporción era 10%. En Colombia, pasamos de 23,8% de la población en situación de pobreza extrema en 2002 a 10,8% en 2018.

Lamentablemente, la destrucción del tejido socioeconómico ocasionada por las medidas tomadas en todo el mundo por el pánico al COCOvid ha borrado los logros de los últimos diez o veinte años. Esto hace la erradicación de la miseria la prioridad incuestionable de los gobiernos, para lo que es indispensable recuperar con la mayor celeridad la riqueza colectiva perdida.

El Estado debe dejar de lado los cuentos sobre impuestos y medidas redistributivas y concentrarse en promover el desarrollo empresarial, pues son las empresas las que generan los empleos y la riqueza de la Nación.

El apaciguamiento de la envidia no clasifica como necesidad básica del ser humano. Sí lo son la alimentación, la salud y la educación. Hoy, más que nunca, el Estado debe concentrarse en la lucha contra la pobreza absoluta.

Emilio Sardi Aparicio
Empresario
esardi@tecnoquimicas.com.co

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