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Emilio Sardi
Columnista

US$321.000 millones

Un país que tiene la suerte de ser excedentario en combustibles fósiles está hoy en una posición privilegiada.

Emilio Sardi
POR:
Emilio Sardi
mayo 16 de 2022
2022-05-16 10:18 p. m.
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Trescientos veintiún mil millones de dólares no son poca cosa. Esa suma, bastante parecida al PIB de Colombia en 2021, corresponde al último estimado que he conocido de lo que los países europeos le van a pagar a Rusia por los combustibles fósiles que le comprarán durante 2022, cuando supuestamente le iban a aplicar un duro bloqueo comercial por haber invadido salvajemente a Ucrania. Una fabulosa suma que pone en duda la capacidad de los países occidentales de cumplir su palabra, y que es evidencia de por lo menos tres hechos serios.

Lo primero palmariamente evidente es que es brutalmente alto el precio, en rublos y pérdida absoluta de autonomía, que están pagando los europeos por la miopía y falta de tino de sus mandatarios, que resolvieron poner a sus naciones en manos de Putin, para darles gusto a unas ONG ambientalistas en buena parte fondeadas por Rusia. Difícil imaginarse políticas más cortoplacistas y carentes de visión que estas.

En segundo término, es digna de destacarse la gran hipocresía de estos países y sus gobernantes, además de la de los tales ambientalistas, supuestamente preocupados por el medio ambiente. Es por lo menos risible que queden tranquilos con simplemente trasladar dicha producción de sus países, con sus estrictas normas de protección del medio ambiente, a Rusia, donde las restricciones, para decirlo suavemente, son mucho menores. Como si para el mundo la contaminación del combustible que ellos queman será menor si este es producido en otro país. Eso, sin contar con que, además, en ese otro país con seguridad contaminarán más al producirlo. En verdad, ¡para lograr la completa incoherencia basta juntar políticos con fanáticos!

El tercer y más importante hecho que ha puesto en evidencia la masiva compra de combustibles de los europeos a Putin es la absoluta necesidad que tienen todos los países de garantizarse el suministro de combustibles fósiles para el buen discurrir de sus vidas. No hay alternativa energética más económica, y, por eso, no hay país alguno que pueda correr el riesgo de carecer de ellos. A nivel mundial, aproximadamente 85% del consumo energético se basa en combustibles fósiles -petróleo, gas natural y carbón-, mientras que la energía nuclear aporta alrededor de 4%. Entre las fuentes renovables, la hidráulica es la única que, con más de 6%, representa un aporte serio. Las otras, eólica, solar, geotérmica, biomasa, etc., aportan en total menos de un 4%.

Entre las razones para que, a pesar de los monumentales subsidios que reciben, el aporte de las fuentes de energía no tradicionales sea tan lánguido están que sus costos son desordenadamente altos, su poca confiabilidad, y que los problemas operativos que generan son, en muchos casos, gigantescos. Por eso, se prevé que, a pesar de la lucha desatada contra los combustibles fósiles por activistas de toda laya, su consumo seguirá creciendo por varios lustros.

Colombia debe entender el significado de lo que está sucediendo. Un país que tiene la suerte de ser excedentario en combustibles fósiles está hoy en una posición privilegiada. Para aprovecharla, deberá explotar seriamente esos recursos y cuidarse de cualquier medida que interfiera con esa explotación, la que, claramente, iría en detrimento del país.

Emilio Sardi 
Empresario

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