Gabriel Rosas Vega

Se abre el debate

Gabriel Rosas Vega
POR:
Gabriel Rosas Vega
agosto 23 de 2012
2012-08-23 01:30 a.m.
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No bien había reseñado la teoría sobre la cual Paul Krugman monta sus ideas acerca de la forma como podría superarse la crisis en marcha (Acabemos ya con la crisis), que un competente e importante representante de la más rancia estirpe conservadora le sale al paso al planteamiento keynesiano, compartido por muchos economistas, entre los que me encuentro.

El personaje es el doctor Miguel Gómez Martínez.

En el encabezamiento de una nota publicada en este diario, dice: “los keynesianos no quieren reconocer que el equilibrio está roto y la salida de la crisis requiere sacrificios de largo plazo”.

Luego señala: “los keynesianos, con Krugman a la cabeza, insisten en que hay que incrementar aún más el gasto público. Sostienen que solo el Estado puede cumplir el papel de reactivar la economía deprimida.

El problema de esta aproximación, concluye, es que desconoce que una de las razones que explica la crisis actual es el elevado endeudamiento de los países ricos”.

Para darle curso al debate, lo primero que se debe anotar es que no es cierto que no se reconozca que el equilibrio esté roto.

Es evidente que las economías de los poderosos se encuentran en serias dificultades por unos ingresos reducidos debido al efecto de fuerzas fuera de su control y presionadas con una deuda muy elevada para sus ingresos. Esto no se puede ignorar.

La medicina que prescriben para conjurar la enfermedad es un régimen de virtud y prudencia: debemos ajustarnos el cinturón, reducir el gasto, cancelar las deudas y bajar los costos.

Aunque el planteamiento parece inobjetable y encaja entre los argumentos que se oyen a favor de no hacer nada para concluir la depresión, hay una idea que repiten siempre los defensores de la inacción: lo que se debe hacer es centrarnos en el largo plazo, no en el corto.

En efecto, hay un problema de exceso de deuda, pero esta no es dinero que se le deba a algún extraño, sino que nos lo debemos unos a otros, lo cual supone una diferencia enorme.

Y en cuanto a recortar los gastos: ¿en comparación con quién? Porque si todo el mundo intenta reducir sus costos, solo se conseguirá empeorar la situación.

En pocas palabras, temporalmente, la situación es que la combinación de la trampa de la liquidez –el verdadero problema– y el exceso de deuda pendiente ha hecho aterrizar a los protagonistas en un mundo de paradojas, uno en el que la virtud es un vicio y la prudencia es una locura.

Así, la mayor parte de las cosas que la gente seria pide a los hacedores de políticas solo contribuye a agravar más la situación. La referencia a la trampa de la liquidez impone la obligación de recordar su esencia. (El fenómeno se presenta cuando la cantidad que la gente desea ahorrar es superior a la que las empresas están dispuestas a invertir).

En opinión del profesor, de hecho existe un incipiente exceso de ahorro, incluso con tasas de interés de cero. Es este el problema y no otro. Entonces, ¿qué hace el endeudamiento gubernamental?

Ofrece un sitio al cual acuda una parte de ese exceso de ahorro, y, en el proceso amplía la demanda general y, por tanto, el PIB. Lo que no hace es desplazar el gasto privado.

Gabriel Rosas Vega

Exministro de Agricultura

rosgo12@hotmail.com

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