Gabriel Rosas Vega

Un caso de estudio

La administración, para cumplir su función, debe estar investida de poder, cualquiera sea la organiz

Gabriel Rosas Vega
POR:
Gabriel Rosas Vega
septiembre 30 de 2010
2010-09-30 08:04 a.m.
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Para enriquecer los programas académicos y poner en contacto a los estudiantes con la vida real, en las escuelas de administración se utiliza el sistema de estudio de casos con ejemplos prácticos.

Sin duda esta metodología ha sido exitosa, al punto que cada vez son más los casos estudiados por los alumnos bajo la dirección de un profesor. Pensando en eso, y teniendo a la mano la avalancha de consejerías creadas por el presidente Santos, se me ocurre que estamos al frente de un buen caso para ser escrutado; sobre todo por la ampliación de la planta de mandos medios.

Si bien el primer Mandatario ha insistido en que las consejerías no serán una forma de ponerles jefes a los ministros y, además, comparte la idea de que no tienen funciones de mando ni operativos: son de asesoría estratégica y coordinación institucional, de todas maneras, por los antecedentes y las experiencias vividas, no deja de causar mucha inquietud las implicaciones negativas que posiblemente puedan derivarse con la aplicación de ese modelo.

Siendo los consejeros personas de gran confianza y muy cercanos al Presidente, el diablo de las ansias del poder se les puede meter en el cuerpo, generando conflictos en las comunicaciones, en las relaciones interpersonales con los ministros -al fin y al cabo, los poseedores del poder político- y, porqué no decirlo, en la marcha de la administración.

Es del caso mencionar, por ejemplo, la sensación que me dejó el sábado pasado la presentación introductoria del consejero para 'las regiones y la participación ciudadana', doctor Peñaloza, en el foro del Acuerdo para la Prosperidad, celebrado en Neiva.

A pesar de los esfuerzos realizados para aparecer como funcionario de segundo plano, no lo logró, pues los asistentes lo percibían como la persona que le habla al oído al Presidente. Pero algo más; uno de los ministros en su intervención repitió varias veces el estribillo: como lo dijo el doctor Pastrana. Sin darse cuenta le dio una importancia grande.

Por mucho tiempo, el secreto mejor guardado en el campo de la administración fue el que las primeras aplicaciones sistemáticas de la teoría y los principios de la especialidad no sucedieron en una empresa comercial, sino en el sector público. La primera aplicación sistemática y deliberada de los principios de la administración en EE. UU. fue la reorganización del Ejército.

Aunque la cuestión siguiente suele soslayarse, no se puede pasar por alto el hecho de que, para legitimar la administración, es preciso que el poder sea legítimo; de lo contrario será sólo un ejercicio de fuerza sin autoridad. Para que sea legítimo, el poder tiene que fundamentarse en algo externo, algo que lo trascienda y que sea aceptado como un valor auténtico, sino absoluto, por los que están sometidos a tal poder. Así las cosas, la administración, para cumplir su función, debe estar investida de poder, cualquiera sea la organización.

Hace unos cuantos años, en un artículo citado de la Harvard Business Review, se preguntó: ¿son obsoletos los mandos medios?, y se respondió con un 'sí' contundente. Sin embargo, en vez de desaparecer o siquiera disminuir un poco, los mandos medios han protagonizado una explosión en los últimos años.

En esas condiciones, la proliferación de mandos medios y la pérdida de poder por las circunstancias anotadas antes, pueden conducir a un estado de cosas en el Palacio de Nariño que no conviene a nadie. De manera que este es un buen caso de estudio.

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