Gabriel Rosas Vega

Que no se quede en felicitaciones

Gabriel Rosas Vega
POR:
Gabriel Rosas Vega
agosto 09 de 2012
2012-08-09 12:56 a.m.
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Con especial alborozo, celebramos los colombianos las medallas conquistadas por nuestros deportistas en los Juegos Olímpicos de Londres.

Sin duda, competir con jóvenes provenientes de más de 200 países del orbe no es cosa fácil; las enormes diferencias culturales, físicas, económicas, entre otras, hacen de la cita un acontecimiento sin parangón.

Como lo señala la revista Semana, “el mundo está hipnotizado por el esplendor de los juegos.

La crisis europea, las elecciones en Estados Unidos o el conflicto en Siria pasaron a un segundo plano frente a las discusiones sobre natación, halterofilia, atletismo o clavados”.

Colombia no ha sido la excepción.

Desde temprano, los televisores se prenden para seguir las competencias, las tareas en fábricas y oficinas, de alguna forma, se resienten por obra y gracia de la atención a las intervenciones de nuestros deportistas.

En fin, en medio de la compleja situación nacional, las hazañas de los esforzados compatriotas han servido de escape a las inquietudes del país.

Hasta el momento de escribir esta nota, cuatro eran las preseas conquistadas: una en ciclismo, de Rigoberto Urán; otra en pesas, de Óscar Figueroa; una más en judo, de Yuri Alvear, y una cuarta en atletismo, de la portentosa saltadora, Catherin Ibargüen.

Tres de plata y una de bronce era el balance, y la algarabía que se paseaba por toda la geografía nacional trascendió las fronteras patrias, pues ahora la contabilidad se lleva en una cuenta nueva: América Latina.

Observando este panorama, surge la tentación de averiguar qué tienen en común estos héroes. Por lo pronto, para no abundar demasiado, menciono tres: afrodescendientes, pobreza casi absoluta –lindando en casos con la miseria– y esfuerzo denodado para salir adelante, debido a la carencia de recursos y apoyo.

Para quienes se desentiendan de la terrible realidad, una sucinta referencia a la situación de nuestros campeones resulta útil.

Urán, por ejemplo, como consecuencia de la acción demente de los ‘paras’, que asesinaron a su progenitor, hubo de reemplazarlo en la venta de lotería a muy temprana edad; gracias a su entereza y deseos de superación, hoy se encuentra vinculado a un importante equipo de ciclismo europeo.

La judoca, antes de comenzar la difícil travesía deportiva, tuvo que sobrepasar el camino de la pobreza. Aún cuando no está resuelta la situación, los vientos que soplan son otros. El caso de Figueroa no es muy distinto: gracias a la decisión de su madre, de cambiar su lugar de residencia, de Zaragosa, Antioquia, a Cartago, Valle, por la entereza inagotable de ella, con los escasos recursos que llegaban a la humilde morada obtenidos en el trabajo de doméstica, impidió que sus párvulos se acostaran con el estómago vacío.

El caso de Caterine, la de la eterna sonrisa, no es diferente, de pronto menos dramático, pero igualmente penoso.

Calmado el bullicio, lo pertinente de cara al futuro es que el éxito no se quede en abrazos o elogios. Es de justicia y obvia respuesta a una circunstancia favorable, como contar con seres humanos capaces de superar los más difíciles escollos, formular una política pública que atienda de forma integral este frente del desarrollo nacional. Poniéndole el más desagradable tinte, cabe decir que el deporte es un buen negocio, y para la muestra un botón.

¿Cuál es el ingreso en divisas que tienen Argentina y Brasil por las exportaciones de jugadores de balómpie?

Gabriel Rosas Vega

Exministro de Agricultura

rosgo12@hotmail.com

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