Germán Eduardo Vargas

Cambio climático ‘empresarial’

Germán Eduardo Vargas
POR:
Germán Eduardo Vargas
enero 23 de 2014
2014-01-23 01:27 a.m.
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Contrastando con el desempleo –aunque reforzando la tensión que sugiere el calentamiento del clima laboral–, algunas publicaciones han estado anunciando una ‘guerra por el talento’.

Una realidad inconveniente, considerando que denota una situación límite, en la que se utiliza la presión para explotar recursos, aparentemente escasos.

Pero una declaración pertinente, sustentada en un lenguaje gerencial que ancló estructuras anacrónicas: el uso de la fuerza (manpower), la restricción y reducción de costos laborales (headcount), y la desinversión o devaluación de una moneda antigua y olvidada (talanton).

Adicional a este fenómeno, ha cobrado divulgación el efecto del cambio demográfico, especialmente referido al relevo etario, como un conflicto entre talentos, en el cual es necesario reconciliar diferencias como la estabilidad, el sacrificio y la subordinación que caracteriza el esquema comando-control de los hijos de la guerra, y su interacción con las recientes olas generacionales, que interpretan motivaciones alternativas y progresistas, desafían las reglas convencionales y asumen compromisos de corto plazo.

Convengamos que estas modas en el lenguaje de gestión no son tan efímeras, y representan un legado que oscila entre patologías y cismas, mientras la estrategia continúe siendo concebida como el arte de la guerra.

No sorprenden la vigencia y la abundancia de varios casos de estudio empresarial que parecen inspirarse en la Guerra Fría.

Por ejemplo, las ‘escaladas’ salariales han sido impulsadas por el reclutamiento de profesionales selectivos, especialistas y ejecutivos por parte de head-hunters, que fungen como espías en un proceso de especulación, en el que se exponen posiciones privilegiadas ante el mercado para alterar los equilibrios y favorecer el fortalecimiento de posiciones de competitividad.

En consecuencia, los empleados, las empresas, los mercados y la sociedad, reflejan la distorsión del concepto de valor, así como la involución de los arquetipos de liderazgo que desconocen la relación, positiva y sostenible entre el desarrollo de los sistemas humanos y la productividad.

Avanzando en conclusiones, es imperativa la rectificación de estas etiquetas beligerantes, pues el lenguaje modela pensamientos y activa comportamientos que –aunque indeseables– caracterizan un escenario que parece cada vez más normal, de acuerdo con los resultados de diferentes reportes de clima laboral, en los que se reconoce la propagación de condicionamientos pasivos-agresivos, en un espectro sesgado hacia los siguientes estados: individualismo, miedo, insatisfacción, desesperanza, apatía, rumorología, señalamientos, intolerancia, persecución o sabotaje.

Invito a confrontar algunos de esos enemigos culturales de los cuales nos hemos hecho cómplices, amparados por tantos automatismos y tradiciones corporativas que destruyen valor por bajo desempeño, resistencia hacia las oportunidades de cambio o la inadecuada calidad de vida (por estrés laboral negativo).

Compartiendo este compromiso por el desarrollo integral de las personas y la generación de climas de posibilidad, se facilita la pacificación de los asuntos relacionados con el talento, mediante la atracción y reconocimiento de esos líderes invisibles, que ilustran un lenguaje constructivo para inspirar propósito, sentido de excelencia y capital social: contribuir con la paz en Colombia.

Germán Eduardo Vargas G.

Catedrático

gevargas@gmail.com

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