Germán Eduardo Vargas
columnista

Manipulación, mermelada & filibusterismo

El Congreso de la República demoró la Ley de Pronto Pago, y 60 días de espera sigue siendo demasiado para una micro y pequeña empresa. 

Germán Eduardo Vargas
POR:
Germán Eduardo Vargas
julio 08 de 2019
2019-07-08 09:20 p.m.
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Inicia otra agenda legislativa que promete estancarse; arrastra la súbita aprobación del Plan de Desarrollo, y la intención del Congreso de apropiarse de la administración del Presupuesto General de la Nación, haciendo honor a la bicentenaria patria boba, pues nuestros disfuncionales poderes públicos se pisan las mangueras, confundiendo contrapesos con sobrepesos.

Filibusterismo, “se van por las ramas” para sabotear –retardar, distorsionar e impedir– la gestión de reformas que resuelvan la improvisación, inequidad y corrupción. Considere la paradójica dilación de la Ley de Pronto Pago, que evitaría la recurrente demora en la retribución a las pequeñas empresas, por parte de sus grandes clientes.

Esa balanza de pagos puede replicarse mediante el ‘Juego de la Cerveza’, simulación de dinámica de sistemas usada -en la Sloan School of Management, MIT– para el aprendizaje experiencial de principios gerenciales. Senge lo popularizó en ‘¿Prisioneros del Sistema?’, adaptando como producto una referencia alucinante, por su contenido y etiqueta (La Cerveza de los Enamorados).

Allí, modeló el corto circuito de la cadena de valor, causado por la “demora” en la realimentación acordada entre eslabones –minorista, mayorista y fábrica–, cuyo objetivo es satisfacer la demanda, minimizando las entregas pendientes y el inventario acumulado.

Efecto dominó, los agentes perciben escasez de recursos, y –por ansiedad, incertidumbre o desconfianza– procuran compensarla requiriendo pedidos ingentes. En definitiva, el sistema colapsa (breve digresión, en 2003 lideré ese taller en el auditorio León de Greiff de la Universidad Nacional).

Parafraseando la metáfora de la rana aturdida, la micro/pequeña empresa –nuestro eslabón más representativo (y débil)–, padece la progresiva e indefinida dilación en el pago de sus facturas, por parte de sus clientes más grandes, y queda expuesta al paulatino sobrecalentamiento económico.

Mientras en producción y distribución el concepto “Justo a tiempo” permite optimizar, la injusta regulación facilita la especulación financiera, y el abuso de la posición dominante de las grandes (Por qué fracasan los países, 2012), estimula o permite desconsideradas prácticas anticompetitivas que aprisionan o rompen esas cadenas productivas.

Costo de oportunidad, estas empresitas parecen obligadas a fiar, y terminan transfiriendo la deuda a sus empleados y proveedores, mientras las inescrupulosas e impunes multinacionales apropian la morosidad, no por carecer de recursos sino porque los invierten para obtener rentabilidades adicionales. Este bucle de iliquidez hace inviable la formalización, sostenibilidad y crecimiento de cualquier emprendimiento.

Acreedor por naturaleza, el sector financiero ofrece a estos prisioneros otro dilema: suscribir créditos a tasas elevadas, debido a los riesgos aquí expuestos –e impuestos–, o transar facturas (factoring), cediendo elevadas comisiones. Pérdidas cuyo cinismo escudan en el libre mercado, y la potestativa incorporación de tan onerosos e inciertos costos administrativos/financieros, en las propuestas comerciales.

El Congreso demoró la Ley de Pronto Pago y 60 días de espera sigue siendo demasiado para una micro/pequeña empresa. Prisioneros del sistema, ¿convienen un Congreso Unicameral, gobernaciones regionales, una sola Corte, y una Constituyente?

Germán Eduardo Vargas
Catedrático
german.vargas@uniandes.edu.co

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