Germán Eduardo Vargas
Columnista

Retratos hablados: Obama

Quizás, su problema fue no haber conocido la Universidad Pública.

Germán Eduardo Vargas
POR:
Germán Eduardo Vargas
septiembre 24 de 2019
2019-09-24 10:00 p.m.
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Marx corrigió a Hegel, distinguiendo que los grandes hechos y personajes de la historia se repiten como tragedia y farsa; la neurociencia precisó nuestra complicidad ante ese patrón, indicando que somos testigos poco confiables.

Acaso espectadores de una historia plana, que aparentemente interactúa con el público; cambian algunos montajes, pero el pasado se proyecta mediante los espejos que depositamos en las cajas chinas que usamos como urnas, pues nuestras percepciones son sensibles al contexto, y las preferencias al Error Fundamental de Atribución.

Esto explica los hechizos por los cuales admiramos ciertos mitos y, quizás, después aprendemos a reconocer que nos defraudaron. Me sucedió con Obama.

Tras la caída de las Torres, Enron y Lehman, emergió del anonimato como ícono de reconciliación y alternativa al indignante establecimiento. Nadie pudo competir con su primorosa oratoria, y presunta historia de superación; además, su “inception” aprovechó el trance del Sueño Americano.

Sin embargo, la realidad demostró que, a diferencia del sueño que tuvo Luther King, no lo trasnochaba cambiar el guion: simplemente aspiraba convertirse en Presidente. Para lograrlo, fusionó sus raíces, padre economista y madre antropóloga, con estudios en política y derecho; aprendió cómo funciona la Ley, cómo influir a la opinión pública, y cómo no perturbar a los poderosos.

Es una pena que no haya dejado legado que se le pueda distinguir, y obtuviera un Premio Nobel del que nadie puede explicar sus méritos. Quizás, su problema fue no haber conocido la Universidad Pública; de hecho, se benefició de la educación y fraternidad de Columbia, Harvard y los Chicago Boys, y comparte membresía en esa elitista Ivy League con Trump.

Pese a haberse hecho con el mismo molde, transmite una sensación de familiaridad. Hasta parece rapero: vive como blanco, compró otra millonaria mansión (US$15M), y paga las cuentas con la pensión presidencial de $208K, mientras la mediana de ingreso de los hogares es $63K, y la de los negros $41K (census.gov).

Pobre. Sus hijas tienen becas garantizadas, pues su prestigio acondiciona; además, cobra por convertir su vida en reality, mediante biografías cuyo éxito es equiparable al de ‘50 Sombras de Grey’, y ostenta contratos millonarios para producir conferencias y programas insubstanciales, que carecen de fines solidarios.

Quizás, alguna vez soñó con un mundo sin diferencias, donde la vida fuera digna para todos. Quizás, la corrupción de sus medios y fines, sea ejemplo para tantas minorías que, por obra u omisión, terminan adoptando al menos los mismos vicios de los estereotipos que rechazaban: “In-Grata” política.

Por cierto, The Times acusó a la activista de moda, Greta, de ser beneficiaria (o víctima) de la industria del lobby: ¿por qué no realizan una reseña similar de Obama, y su filiación con el 1% más rico? Su socialdemocracia y preocupación por la sostenibilidad fue tan falsa, como los beneficios de la economía financiera, el neoliberalismo y la revolución 4.0. Sin embargo, pasó con más gloria que pena; y es aclamado, como estrella pop: Jesucristo Superstar.

Germán Eduardo Vargas
Catedrático/Analista

(german.vargas@uniandes.edu.co

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