Germán Umaña Mendoza
Análisis

A más tardar mañana

Establecer un canal de comunicación entre Colombia y Venezuela es clave para preparar las condiciones presentes y futuras de la integración. 

Germán Umaña Mendoza
POR:
Germán Umaña Mendoza
marzo 12 de 2020
2020-03-12 09:12 p.m.
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El contexto actual de Venezuela en lo geopolítico es realmente complejo. De una parte las sanciones económicas de los Estados Unidos limitan los grados de libertad del gobierno venezolano para recibir los ingresos de las exportaciones de petróleo, remesas, repatriación de capitales y adicionalmente, para pagar importaciones con excepción de los alimentos, los productos farmacéuticos y algunas importaciones para el sistema de salud.

Rusia con filiales de la empresa Rosneft, trasporta parte del petróleo de Venezuela a sus principales demandantes como son la China y la India, cada vez con mayores dificultades, producto de las sanciones. Asimismo, China y Rusia no se encuentran dispuestas a renunciar a sus beneficios sobre las inversiones en Venezuela, ni al cobro de la deuda externa, ni a sus intereses geopolíticos.

El grupo de Lima y la Unión Europea se encuentran entre aquellos que pugnan por una solución negociada y aquellos que preferirían una profundización de las sanciones. Empero, todos rechazan una solución militar y algunos adelantan diálogos para promover una salida electoral.

En Venezuela existen posiciones divergentes y hasta ahora irreconciliables, entre el gobierno y la oposición liderada por el señor Guaidó. Otra alternativa está conformada por el PSUV y asambleístas que se separan de la coalición de la oposición y propugnan por el nombramiento de un nuevo Consejo electoral y la convocatoria a elecciones parlamentarias este año. El papel de Cuba continua siendo importante por su influencia ideológica y en los sistemas de inteligencia.

Los caminos son múltiples en esta materia, en muchos casos divergentes y es difícil pronosticar una solución a esta encrucijada.

Por otro lado, en lo económico se producen cambios estructurales y ajustes hacia una mayor apertura económica. Las medidas implican una dolarización que ya alcanza cerca del 70% de las transacciones en el mercado interno, una reforma en el comercio exterior con una baja de aranceles a las importaciones y en casos limitados una protección a industria nacional.

Además, disminuciones en los controles de precios, cambio de deuda externa por inversión, reforma fiscal para cobrar impuestos a las transacciones en dólares, intentos de Petrolización parcial de la economía y reprivatización de empresas expropiadas. No obstante, el sistema financiero se encuentra limitado a las mesas de cambio y a la apertura de cuentas en dólares para transacciones internas. En lo relativo a los créditos en moneda nacional simplemente no existen.

El gran reto es la llegada de inversión extranjera permitiendo una participación superior al 49% y en el control de las empresas especialmente en el sector de los hidrocarburos. Sin embargo, los inversionistas extranjeros exigen que cualquier reforma al régimen de inversiones se realice con la aprobación de la Asamblea Nacional, pues es la única manera de obtener seguridad jurídica, lo cual en este momento es imposible por la existencia en la práctica de dos asambleas nacionales.

Las relaciones políticas y económicas entre Colombia y Venezuela se encuentran estancadas. No existe el reconocimiento por parte del gobierno colombiano de la elección del señor Maduro, las relaciones diplomáticas y consulares están rotas, las fronteras se encuentran parcialmente cerradas para el transporte de carga y entre las autoridades fronterizas no existe ningún tipo de diálogo.

En lo económico los resultados concretos se han deteriorado significativamente. Tanto en el comercio legal como en inversión se ha llegado a niveles mínimos históricos, lo que sumado a las diferencias políticas, ha impedido un diálogo constructivo para la búsqueda de soluciones.

Desafortunadamente la situación descrita ha permitido el crecimiento inusitado de las economías ilegales en frontera. Lo paradójico es que mientras las corrientes bilaterales de comercio registraron en el 2019 algo menos de 250 millones de dólares, el comercio no registrado en fronteras tanto por las compras de ciudadanos que pendularmente ingresan a Colombia y retornan a Venezuela y el contrabando por las trochas, alcanza más de mil millones de dólares, favoreciendo el lavado de activos, el contrabando y la acción de los grupos delincuenciales en los dos países.

Por ello, desde la visión de agentes económicos y sociales con iniciativas notables como las de "Puentes" y otras organizaciones, se han propuesto diferentes alternativas para proteger los ciudadanos de frontera y contribuir a morigerar las dificultades que se viven, incluidas aquellas que tienen que ver con la salud, entre otras, por la inmensa probabilidad de propagación del coronavirus, así:

Crear un mecanismo de diálogo permanente entre la sociedad civil y los agentes económicos y sociales con las autoridades regionales, delegadas y autorizadas por los gobiernos nacionales.

Proponer un protocolo entre las autoridades regionales para controlar temas sanitarios y especialmente, el flujo de personas, definiendo conjuntamente cómo aplicar los mecanismos recomendados por la OMS para controlar el Covid- 19.

Apertura del transporte terrestre para mercancías durante las 24 horas, en las diferentes fronteras y específicamente, utilizando la infraestructura de puentes existentes entre el Norte de Santander y el Táchira.

Establecer una colaboración expedita entre las aduanas de ambos países para proceder, con base en el cumplimiento del AAP.C No 28 y el Acuerdo de transporte (cuya propuesta de ratificación fue retirada del Congreso por el Gobierno de Colombia), suscrito por nuestros dos gobiernos. Normalizar los sistemas de pago en fronteras autorizando a los intermediarios bancarios a recibir ingresos de importaciones y exportaciones, previo conocimiento del origen de los recursos.

Recuperar el ejercicio de funciones consulares que respondan a las necesidades de más de tres millones de colombianos en Venezuela y un millón y medio de venezolanos en Colombia. Por la dificultad de reestablecer las relaciones diplomáticas y consulares directamente, parecería conveniente proponer a representaciones diplomáticas de terceros países ejercer estas funciones.

En síntesis, tener un canal de comunicación entre Colombia y Venezuela independientemente de las diferencias políticas es de vital importancia para preparar las condiciones presentes y futuras de la integración binacional. Colombia y Venezuela no tienen alternativa diferente que la de mejorar sus relaciones políticas, sociales y económicas. La verdad, pensando con el deseo, esto debería producirse a más tardar mañana.

Germán Umaña Mendoza
Profesor
germanumana201@hotmail.com

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