Germán Umaña Mendoza
Columnista

Chely

Hoy quiero escoger a Chely como representante todas y todos los que la acompañaron durante la pandemia. 

Germán Umaña Mendoza
POR:
Germán Umaña Mendoza
enero 06 de 2021
2021-01-06 07:30 p. m.
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“Acabó de decirlo, cuando Fernanda sintió que un delicado viento de luz le arrancó las sábanas de las manos y las desplegó en toda su amplitud.  Amaranta sintió un temblor misterioso en los encajes de sus pollerinas y trató de agarrarse de la sábana para no caer, en el instante en que Remedios, la bella, empezaba a elevarse.

Úrsula, ya casi ciega, fue la única que tuvo serenidad para identificar la naturaleza de aquel viento irreparable, y dejó las sábanas a merced de la luz, viendo a Remedios, la bella, que le decía adiós con la mano, entre el deslumbrante aleteo de las sábanas que subían con ella, que abandonaban con ella el aire de los escarabajos y las dalias, y pasaban con ella a través del aire donde terminaban las cuatro de la tarde, y se perdieron con ella para siempre en los altos aires donde no podían alcanzarla ni los más altos pájaros de la memoria”.

Es así como quisiera recordar este año de pandemia, con una poesía en prosa de ‘Gabito’ que me permita alejarme de tanto horror, tristeza e impotencia.

Ni siquiera un pueblo tan acostumbrado a la muerte como el nuestro ha logrado asimilar tanta tragedia. Ya son más de 40.000 por el covid-19, miles muertos por la violencia y, otros tantos que deambulan sin vida producto de la nostalgia, la soledad, la injusticia o el abandono.

A la mayoría ni siquiera pudieron acompañarlos sus seres queridos. A todos nos alcanzó doña muerte de una forma u otra. Cada uno de nosotros vimos la partida de nuestros padres, de amigos queridos, las madres asistieron al absurdo de ver morir sus hijos. En la práctica es imposible pensar que nuestro dolor no es el de todos los demás. No estamos solos en nuestra tristeza y ni siquiera podemos abrazar nuestra solidaridad.

Decía el gran Vallejo: “Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé! Golpes cómo del odio de Dios; como si ante ellos la resaca de todo lo sufrido se empozara en el alma… ¡Yo no sé!”.

Sin embargo, nos quedan los recuerdos de aquellos que pasaron por la vida iluminando nuestra demencial realidad.

Sin dudar siempre nos enseñaron cómo después del oscurantismo viene casi siempre el renacimiento. En medio de la nostalgia nos acompañará por lo que queda de vida su ejemplo y su valentía.

Hoy quiero escoger a Chely como representante todas y todos los que la acompañaron durante esta pandemia. A quien siempre recordaré como mi Remedios y mi bella madre. Vivió sus tragedias con altivez y la felicidad con dulce calma.

Siempre supo que el futuro era esperanza. Su muerte, en su última etapa fue dura, aunque no violenta, como la de tantos otros en nuestra sufrida Colombia.
Ella también se elevó y se despidió con la dignidad de una mujer que era la viva imagen de todas las mujeres y todas las madres.

Con mi padre: Eduardo Umaña Luna y su compañera de luchas: Chely, quiero hoy rendir un homenaje a todas ellas y sí, nuevamente reiterar sus palabras compartidas: “Cambio mi vida por otra vida, pero siempre la vida pese a la muerte”.

Germán Umaña Mendoza
Profesor universitario.
germanumana201@hotmail.com

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