Germán Umaña Mendoza
Columnista

Los pasos perdidos

Si algo se aprende de las crisis es a asegurar el desarrollo y la sostenibilidad.

Germán Umaña Mendoza
POR:
Germán Umaña Mendoza
febrero 24 de 2021
2021-02-24 07:30 p. m.
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En las últimas décadas del siglo pasado Colombia decidió evolucionar de un aparentemente fallido modelo de “sustitución de importaciones” a uno de “apertura externa”.

Se decía y, en parte era cierto, que se había instaurado una alternativa rentista que no había significado acumulación virtuosa y suficiente de capital productivo, desarrollo del progreso técnico, innovación y mejora en las condiciones educativas y de formación de una capacidad humana que respondiera a las necesidades del desarrollo.

La política comercial se orientó a la disminución de aranceles, a debilitar las medidas de defensa comercial contra por ejemplo el dumping o el abuso de la posición dominante del mercado, o los subsidios a la agricultura otorgados por países desarrollados.

Fue una apertura asimétrica donde se sometió a la incipiente estructura productiva nacional a una competencia que implicó la desaparición de todo un acumulado social y productivo que tenía imperfecciones pero que existía.

El remedio parece ser peor que la enfermedad. Los sectores reales que significan la verdadera medida del desarrollo en las economías fueron sustituidos por importaciones, la dependencia de inversiones extranjeras, el debilitamiento del ahorro interno, las privatizaciones y la dependencia de los sectores primarios y notablemente de la evolución de los precios del petróleo.

Institucionalmente, se renunció a resolver las diferencias con el capital trasnacional en los tribunales nacionales y todo se define en tribunales de arbitramiento en donde, por ejemplo, la sostenibilidad de largo plazo de los recursos naturales y el medioambiente, son subordinados por la “seguridad jurídica cuasi absoluta” a los grandes inversionistas.

Consecuencias: Centralización y concentración del capital, competencia imperfecta que permitió el abuso de precios y prácticas producto de la protección a los oligopolios y el aumento en los niveles de desigualdad. Sobre la educación, la salud y el empleo. Ya no son derechos humanos fundamentales sino simplemente mercancías. Por eso las vacunas nos llegan tarde y la muerte temprano.

Una economía de informales y desempleados, una juventud que estudia para el desempleo, el subempleo o el espejismo del emprendimiento, desilusionada y sin futuro.

De un extremo rentista pasamos a uno con protección cuasi absoluta al capital transnacional y a los grupos económicos y financieros, así como a un abandono de la estrategia de desarrollo de la economía real en la agricultura, la industria y los servicios con valor agregado e incorporación de progreso técnico.

Frente a la crisis respondieron los sectores campesinos que produjeron los alimentos y garantizaron la soberanía alimentaria, la agroindustria local, y los sectores de bienes intermedios y de consumo que subsisten.

Si algo se aprende de las crisis es la necesidad de asegurar el desarrollo y la sostenibilidad. De eso poco o nada saben los macroeconomistas, acostumbrados a contar cuentos fiscales y monetarios, cada vez más alejados de las realidades de las sociedades.

Germán Umaña Mendoza
Profesor universitario.
germanumana201@hotmail.com

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