Germán Umaña Mendoza
columnista

En la boca del lobo

La visita presidencial a Estados Unidos genera interrogantes profundos sobre lo que será nuestra política internacional.

Germán Umaña Mendoza
POR:
Germán Umaña Mendoza
febrero 13 de 2019
2019-02-13 09:20 p.m.
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La visita presidencial a Estados Unidos en el momento en que se hacen cada vez más complejas las relaciones con Venezuela, genera interrogantes profundos sobre lo que será nuestra política internacional y si abandonaremos definitivamente una estrategia multilateral para reducir nuestra agenda al simple bilateralismo.

Son dos temas los que se tratarán: Venezuela y política antidrogas. Con Venezuela los puntos son claros: ¿Colombia será simplemente el instrumento de la política norteamericana o, por el contrario, se constituirá en el mediador válido con el gobierno norteamericano de los países que apoyan una salida rápida en democracia, aumentando la presión internacional para permitir que los venezolanos decidan autónomamente su futuro? La primera posibilidad nos colocaría en una posición de subordinación sin retorno. La segunda, significaría continuar con una política de Estado con relaciones claras con la institucionalidad bipartidista, la cual determina el espectro de las decisiones políticas en el largo plazo.

También se tratará el tema humanitario con dos aristas: la entrada de la ayuda humanitaria a Venezuela, necesaria y justa. Todo lo que quieran. Sin embargo, nada justificaría, en mi concepto, que esta loable iniciativa conduzca a enfrentamientos entre venezolanos y, más grave aún a una intervención militar, donde el corredor inevitable sea Colombia y, adicionalmente, la posible participación de nuestras Fuerzas Armadas en un posible conflicto. El mensaje del presidente Duque deberá ser claro y contundente: no a la guerra o a la intervención militar. Ojalá.

De otra parte, el incremento de los recursos para atender la migración. Eso es importante. Pero, realmente lo relevante es la definición de las políticas públicas que definan las reales posibilidades de integración al desarrollo sostenible de Colombia de lo que se ha denominado la migración positiva, reconocida en los diferentes informes de las instituciones multilaterales. Si algo es cierto, es que el proceso de caracterización de la población migrante a nuestro país es deficiente e incompleto, y sin ello es imposible definir políticas públicas adecuadas. Y, ¿qué pasaría si cambia la estructura política y económica en Venezuela y los migrantes en vez de aumentar disminuyen?

Finalmente, en la conversa con el gobierno norteamericano ¿se rescatará el principio vigente en las Naciones Unidas de la responsabilidad compartida en la lucha contra el flagelo universal de las drogas ilícitas que ha sido una política de Estado desde el gobierno Barco, o, por el contrario, se reemplazará por una estrategia bilateral con la rogatoria de evitar una descertificación que riñe en un todo con las normas del multilateralismo?

La agenda presidencial es extensa y no se limita al diálogo con el inquilino de la Casa Blanca. Eso es bueno, en la medida en que se logre una alternativa de pesos y contrapesos con el establecimiento en su conjunto. Con el señor Trump nada está escrito: hoy dice algo y mañana se contradice, no se puede confiar en que lo que se acuerde sea una política de estado. No queda nada distinto que desearle al Presidente de todos los colombianos éxito en tan difícil disyuntiva. Ojalá pueda regresar liberado de la ‘trampa del bilateralismo’ y de la soledad global a que esto nos conduciría.

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