Germán Umaña Mendoza
columnista

La nueva geopolítica

Los profundos cambios que se están produciendo en la geopolítica latinoamericana, deben llevarnos a una seria reflexión.

Germán Umaña Mendoza
POR:
Germán Umaña Mendoza
enero 31 de 2019
2019-01-31 09:20 p.m.
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Los profundos cambios que se están produciendo en la geopolítica latinoamericana, deben llevarnos a una seria reflexión sobre el papel que nuestro país desempeñará en ese nuevo esquema. Son múltiples los factores que deben ser analizados sobre lo que puede ocurrir en el inmediato futuro.

Sin embargo, tal vez el más importante se refiere a cuál debería ser la relación de nuestro país con respecto a los Estados Unidos, tomando en consideración que durante los últimos años se ha tenido una clara tendencia a tratar los asuntos del hemisferio y los propios con una cierta independencia, de manera bipartidista y, no exclusivamente, con republicanos o demócratas. La presidencia de los EE.UU. a cargo del señor Trump se debita en lo interno, producto del avance de las investigaciones cuyas conclusiones se harán públicas en los próximos días o semanas por parte del fiscal especial, con el agravante de que la mayoría de su entorno más cercano en la campaña presidencial se encuentra condenado o procesado y muchos de ellos dispuestos a colaborar con la justicia contando lo que sería su verdad, especialmente en lo referido a la intervención de Rusia en la campaña presidencial, así como las prácticas bastante dudosas con las que se atacó a la señora Clinton, candidata de los demócratas a la Presidencia.

No han sido suficientes las prácticas distractoras para tapar lo evidente. Ni el cierre del gobierno por el capricho del muro, ni el retiro de tropas en Siria que provocó la renuncia del secretario de defensa, tampoco el conflicto comercial con la China, o las diferencias con la reserva federal por el incremento de las tasas de interés. Tampoco la sistemática involución de los acuerdos realizados con Cuba, ni sus reuniones con el Presidente de Corea del Norte o, su ataque permanente al multilateralismo que significa el desconocimiento de la normativa internacional, o sus continuas descalificaciones a los medios de comunicación y a la libertad de prensa.

La verdad es que ese comportamiento ha impactado profundamente la credibilidad de su gobierno, fortalecido la oposición del partido demócrata y, adicionalmente, ha creado profundas desavenencias en el seno de los republicanos, por lo que no sería sorprendente que perdiera el poder en el congreso y viera seriamente debilitada la posibilidad de una segunda reelección. Ergo, la pregunta es obvia para nuestro país. ¿Continuaremos con una diplomacia que tenga una equilibrada relación bipartidista o la limitaremos al gobierno actual y, en consecuencia, al apoyo a su errática política exterior con el mundo?

No nos equivoquemos. Se producirán, quiérase o no, profundos cambios en Latinoamérica, por determinación de sus ciudadanos. Son decisiones valientes de los pueblos en rebeldía contra las autocracias que cuentan con el apoyo de las democracias occidentales. Eso va a ocurrir más temprano que tarde, no me cabe la menor duda.

Sería absurdo involucrar a Colombia, inducida por los “halcones” que ya mintieron para hacer la guerra en Irak o, a los “halconcitos” locales dominados por la delirante necesidad de la guerra para conservar poder y privilegios mal habidos, en una aventura militar que en nada ayudará a fortalecer las democracias y sí a crear profundas diferencias políticas y diplomáticas en nuestro continente.

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