Germán Umaña Mendoza
Columnista 

La agonía del multilateralismo

El fondo de todo es la búsqueda de un nuevo equilibrio en donde se regule el acceso de China a la cuarta revolución industrial.

Germán Umaña Mendoza
POR:
Germán Umaña Mendoza
agosto 29 de 2019
2019-08-28 10:00 p.m.
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Se pensaba que la asociación entre los Estados Unidos y China era consistente en la medida en que el mercado norteamericano aceptaba las importaciones procedentes de la China, las cuales se pagaban con los dólares emitidos con laxitud por la autoridad monetaria norteamericana, los que, a su vez, permitían engrosar los montos de sus reservas internacionales.

Esta alianza significaba casi siempre el retorno de un alto porcentaje de esas reservas a los EE. UU., ya fuera por concepto de inversiones en papeles emitidos por el gobierno de ese país o, en su defecto, en acciones de las empresas norteamericanas o, en inversión extranjera directa, eso sí con excepciones claramente fijadas para lo que se consideraban sectores estratégicos en el país del norte.

Era un equilibrio consentido, casi una asociación para delinquir, en la medida en que la decisión en los Estados Unidos era de mantener un déficit de cuenta corriente importante con relación a su producto interno bruto, el cual se financiaba por los flujos financieros procedentes de China. Todo lo anterior se encontraba determinado en gran medida por las diferencias de cerca del 20% de productividad en la economía en los Estados Unidos con respecto a la de China.

En los últimos años, se producen cambios fundamentales con la incorporación de China a la cuarta revolución industrial, en especial en lo que tiene que ver con las tecnologías duras de la información, ascenso que ha puesto en peligro el liderazgo de los EE. UU. en investigación, incorporación de progreso técnico y productividad.

Adicionalmente, el importante superávit de cuenta corriente de China implica la decisión de diversificar sus inversiones en el mundo, tanto por la vía de los préstamos como por las inversiones directas, lo que ha significado el aumento de las exportaciones de productos elaborados en China, sino la penetración de los mercados internos de bienes y servicios de alto valor tecnológico y desarrollo del capital humano, los cuales parecían ser patrimonio único del gigante del norte.

El presidente Trump con la disculpa de buscar establecer un nuevo equilibrio en la balanza comercial decide implementar una agresiva política comercial, basada en el aumento de los aranceles, con la convicción de que las retaliaciones del gigante asiático no serían de la magnitud que hasta ahora hemos observado. Mal que bien, China, tiene un inmenso potencial de desarrollo de su mercado interno y un aumento de sus exportaciones e inversiones hacia terceros países.

No hay que ser ingenuos, lo que realmente se encuentra en el fondo de esta negociación es la búsqueda de un nuevo equilibrio, en donde se regule el acceso acelerado de China a la cuarta revolución industrial, basado esencialmente en una normativa que la comprometa con el respeto a la propiedad intelectual y la protección de inversiones en bienes, servicios y capital conocimiento, con un compromiso de solución de controversias entre Estados, o particulares y Estados. Los costos de este conflicto para los países latinoamericanos han sido enormes.

Al final seguro habrá un acuerdo bilateral entre las dos potencias. Lo más complicado será preguntarnos cuál debería ser nuestra respuesta frente a ese nuevo ordenamiento de las relaciones económicas internacionales. Habrá mucha tela de dónde cortar.

Germán Umaña Mendoza
Profesor

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