Germán Umaña Mendoza
Columnista

La guerra fría se calienta

Eliminar cualquier canal de diálogo o de entendimiento, no es precisamente lo correcto, tal y como nos lo ha
enseñado la historia y el presente.

Germán Umaña Mendoza
POR:
Germán Umaña Mendoza
abril 07 de 2021
2021-04-07 07:30 p. m.
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Latinoamérica ha vivido una creciente participación de China en sus economías tanto en materia de inversiones directas, préstamos bilaterales, aumento del endeudamiento externo, como en comercio exterior, sin excepción, con balanzas comerciales favorables para dicho país y, hasta en la utilización de las vacunas contra el Covid 19.

En contraposición y especialmente en la última década los Estados Unidos de Norteamérica han perdido relevancia económica en la región, notablemente en el último quinquenio, aunque su papel político y económico, en la mayoría de los países continua siendo real, sustancial y necesario.

Políticamente, el papel de China comunista es bien interesante y para muchos desconcertante. Para su gobierno “negocios son negocios” y enseñan a los capitalistas a hacer capitalismo, mientras que su intervención en lo político se limita a la defensa de sus intereses.

Por su parte, Rusia y Cuba inciden cada vez más en lo político, especialmente en Venezuela, en la dotación y mantenimiento del material de guerra (Rusia), así como en la participación abierta en los sistemas de inteligencia.

En lo económico, Rusia se limita a inversiones en condiciones favorables para sus aliados pero el alcance en este aspecto es limitado.

A pesar de las dificultades y las profundas diferencias que existen entre Estados Unidos, Rusia y China, no se han roto las relaciones diplomáticas y muchos menos las consulares y se mantienen los canales de diálogo permanente.

Ahora que se calienta la guerra fría y se mantienen las dificultades, las sanciones comerciales y la carrera por dominar el futuro de los servicios de alta tecnología, entre los Estados Unidos y China. De otra parte, cuando se profundizan las diferencias políticas con Rusia por su intervención abierta en la búsqueda de la desestabilización del sistema democrático norteamericano, surgen nuevas preguntas para Latinoamérica.

Se pretenderá colocar a Latinoamérica otra vez en una encrucijada: “Estas conmigo o estás contra mí”. Es precisamente esa dicotomía en la que no deberían caer nuestros gobiernos. Es hora de fortalecer la diplomacia y tomar distancia de los extremos de la política internacional. Nuestros problemas internos, en los que la mayoría de los analistas coinciden, se tomará por lo menos un cuatrienio en ser resueltos, deben priorizarse en la búsqueda de soluciones independientemente de los “fuegos artificiales y de abalorios” existentes entre las potencias.

Más bien, por una vez, permitamos que una diplomacia profesional desempeñé sus funciones con claridad e inteligencia, promovamos política y económicamente la recuperación interna del desarrollo con sostenibilidad y la disminución de la inequidad.

Miremos hacia nuestros vecinos, a la integración regional, eliminemos definitivamente la diplomacia de los micrófonos y recuperemos caminos de diálogo para que no se siga perjudicando a la ciudadanía en su conjunto. Eliminar cualquier canal de diálogo o entendimiento, no es lo correcto, tal y como nos lo enseña la historia y el presente.

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