Germán Umaña Mendoza

Esos ‘liberales e izquierdistas’ gringos

Germán Umaña Mendoza
POR:
Germán Umaña Mendoza
septiembre 22 de 2011
2011-09-22 02:05 a.m.
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Obama presenta un proyecto de ley ante el Congreso norteamericano, en el que se plantea eliminar prebendas, exenciones y subsidios a las grandes corporaciones y a los más ricos, así como un aumento relativamente pequeño en el pago de impuestos sobre su patrimonio y las utilidades.

Esto tan sólo significaría un 25 por ciento de la reducción proyectada del déficit fiscal.

De inmediato, los medios de comunicación informan sobre el rechazo a esta propuesta por parte de los republicanos y le expiden el certificado de defunción.

No debería olvidarse que este proyecto es presentado en el marco de un acuerdo en el que se permitió al Gobierno de Estados Unidos aumentar los niveles de endeudamiento y se decidió que un 50 por ciento de lo que se disminuiría en el gasto fiscal, se aplicaría en lo fundamental a reducción del gasto en materia social y especialmente en el programa de salud denominado ‘Medicare’, para los mayores de 65 años y los discapacitados, y ‘Medicaid’, para los más pobres. Obama presenta simultáneamente un plan para reactivar el empleo por casi 500.000 millones de dólares y pone en consideración del Congreso su aprobación.

Si la recuperación de Norteamérica no dependiera de lo anterior , se podría pensar en ello como una interesante ‘partida de ajedrez’.

Pronto vendrán las elecciones para la Presidencia.

El candidato demócrata, que seguramente será Obama, quien aspirará a la reelección, devolvió la jugada a los republicanos, liderados hasta ahora por los integrantes del Tea Party, o sea de la extrema derecha, después de que hace unos meses lo obligaron a comprometerse con rebajas en el gasto social para sanear las finanzas.

Ahora la respuesta se encuentra en el Partido Republicano. Sin embargo, los analistas que se han apresurado a derrotar las propuestas efectuadas por el Presidente olvidan las divisiones que existen en el seno del Partido Republicano.

El Tea Party no representa necesariamente a todos ellos, especialmente en asuntos tales como el déficit fiscal o el cambio climático, sólo para citar dos ejemplos.

Pero más allá de lo ideológico y de la coyuntura electoral, no es posible desdeñar y desechar las propuestas que se presentaron. Bien vistas, se convierten en un esquema de ‘todos ponen’ y, de ser aprobadas, por lo menos en parte, en el fin de los privilegios exclusivos a las corporaciones y a los más ricos.

¿Qué es lo que tiene eso de malo? ¿Se van a ir los ricos de Estados Unidos? ¿Los presidentes de las grandes corporaciones cambiarán de nacionalidad y propondrán que las sedes principales se desplacen a los países en desarrollo?

Ahora, más allá de lo que pase en Estados Unidos, ¿no será un llamado de atención sobre la necesaria eliminación del exceso de prebendas a ‘la confianza inversionista’, para equilibrar las cargas fiscales con otra propuestas como la de la reforma a las pensiones?

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