Germán Umaña Mendoza
Columnista

Malos países en un mal barrio

Si queremos un cambio no votemos por los que nos ofrecen un mañana lejano, ni por los promotores de subsidios que nos niegan la dignidad del trabajo.

Germán Umaña Mendoza
POR:
Germán Umaña Mendoza
octubre 23 de 2019
2019-10-23 10:04 p.m.
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¿Qué hay de común en la crisis de los países latinoamericanos? Por lo menos tres factores que nos indican que todo conduce a la falta de gobernabilidad: Un grupo de gobernantes que sostiene que el crecimiento solamente lo asegura el otorgar subsidios, exenciones y prebendas a los privilegiados puesto que aquellos que los recibirán se verán inmediatamente iluminados por el “espíritu animal” de los inversionistas y, una vez tomen sus decisiones providenciales, no solo se crecerá sino que los beneficios obtenidos se irrigarán automáticamente en toda la sociedad lo que generará desarrollo, mejor distribución del ingreso, disminución de la pobreza y justicia social.

La distribución de los beneficios la harán voluntariamente los ganadores mientras el Estado les garantice su seguridad jurídica absoluta. Eso sí, cuando desde las Cortes se defiendan los intereses de la sociedad en su conjunto y no de los particulares, los representantes de los “iluminados” en algunos gremios, solicitarán la declaratoria de emergencia económica e imposición de límites para que la justicia no intervenga en los sagrados asuntos de la economía y las decisiones empresariales. Su objetivo es debilitar el equilibrio de los poderes y fortalecer una “democradura” que contribuirá a profundizar las desigualdades.

En el otro extremo se encuentra la alternativa de una aparente justicia social: proponer cualquier tipo de subsidios sin que siquiera se piense en su sostenibilidad, expropiar empresas y empresarios productivos y generadores de riqueza, desgastar el aparato creador de riqueza: público y privado y, al final, la frustración: se convirtió en un espejismo la aparente mejora de los indicadores sociales, ya no hay casi nada que permita mantener los programas a las poblaciones vulnerables o los subsidios. Nos quedamos, eso sí, con los falsos Mesías, presidentes eternos que se creen irreemplazables.

Los dos extremos son populistas, falaces y mentirosos y perjudican los intereses de la sociedad, así como su sostenibilidad. Algunos se sorprenden de lo que pasa hoy en Chile, o en Argentina o lo que se encuentra en ciernes en Brasil. Qué ingenuos, no se dan cuenta de la crisis que vive el “capitalismo salvaje”, el cual hace agua no solo en Latinoamérica sino en el mundo. Otros, de lo que ocurre en Venezuela, Nicaragua, o en la Argentina antes de Macri, o el mismo Brasil socialista. No seamos ingenuos: en ambas circunstancias los intereses particulares primaron sobre el interés general.

El tercer elemento es la corrupción: inmensas fortunas de los ricos de nuevo cuño: socialistas o capitalistas, delincuentes de cuello blanco, zánganos. No se sorprendan de los estallidos sociales: esos gobiernos los provocan, le echan gasolina a los incendios, arrasan con todo, pontifican sobre la tragedia de los demás para tapar sus problemas internos.

Si la realidad nos enseñara algo en Colombia, deberíamos aprender que tenemos el derecho a elegir en democracia. Si queremos realmente un cambio no votemos por los que nos ofrecen un mañana lejano si favorecemos únicamente a los privilegiados, tampoco por los promotores de la miseria y los subsidios que nos niegan la dignidad del trabajo. Muchos menos por los que compran los votos y la conciencia, corruptos que recuperarán con creces su inversión. Se cosecha lo que siembra.

Germán Umaña Mendoza
Profesor
germanumana201@hotmail.com

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